Los efectos del alcohol en el cerebro y la memoria han sido objeto de estudio desde la década de 1960, cuando el psiquiatra Donald Goodwin se convirtió en uno de los primeros en analizar cómo el consumo excesivo altera el funcionamiento del organismo. Décadas después, el tema vuelve al centro del debate público a través de especialistas que utilizan redes sociales para difundir información sobre los riesgos de estas bebidas, como el médico José Manuel Felices, quien recientemente advirtió que “cada vez que bebes, el cerebro elimina recuerdos”.
El alcohol actúa como un depresor del sistema nervioso central, modificando la actividad cerebral y provocando alteraciones en la coordinación, el comportamiento y la memoria. Una de las consecuencias más conocidas es el llamado “apagón de memoria”, un fenómeno en el que la persona permanece consciente y funcional, pero es incapaz de registrar nuevos recuerdos. Investigaciones recientes señalan que hasta dos tercios de los adultos han experimentado al menos un episodio de este tipo.
Donald Goodwin documentó este efecto en pacientes con dependencia alcohólica y concluyó que, tras la ingesta de grandes cantidades de alcohol, el cerebro pierde la capacidad de transformar la memoria a corto plazo en recuerdos duraderos. En ese proceso, el hipocampo —región clave para la memoria y el aprendizaje— resulta especialmente afectado.
En un video difundido en TikTok, Felices explica que el alcohol bloquea los receptores del hipocampo, impidiendo que el cerebro “guarde” la información. Según el especialista, este daño no siempre es temporal: el consumo reiterado provoca la atrofia de neuronas, la pérdida de materia gris y su sustitución por líquido, lo que reduce la capacidad para crear nuevos recuerdos y conservar los ya existentes. “El alcohol puede hacerte olvidar un mal momento, pero también te hace olvidar quién eres”, advierte.
El médico subraya que los apagones no solo anulan los recuerdos de una noche de consumo excesivo, sino que afectan la memoria futura. Por ello, dirige un mensaje particular a jóvenes y familias, al señalar que aunque el cerebro joven parece tolerar mejor el alcohol, el daño se acumula con el tiempo.
En contraste, la evidencia científica también muestra que reducir o suspender el consumo puede traer beneficios significativos. Un estudio de la Universidad de Brown, publicado en la revista Alcohol and Alcoholism, analizó los efectos del reto británico Dry January, que propone pasar el primer mes del año sin beber alcohol. Tras revisar 16 investigaciones previas, los autores concluyeron que una pausa de 31 días puede mejorar la salud física y mental.
Los participantes reportaron mejor calidad del sueño, mayor energía, pérdida de peso, así como mejoras en la función hepática y la presión arterial. También señalaron un mejor estado de ánimo y mayor concentración. Megan Strowger, autora principal del estudio, destacó que este esfuerzo suele derivar en una moderación sostenida del consumo, ya que muchas personas continúan bebiendo menos después del reto.
Aunque el análisis detectó un efecto rebote en quienes no lograron completar el desafío, los investigadores recomendaron ampliar y diversificar las campañas de concientización. En conjunto, especialistas coinciden en que repensar la relación con el alcohol es clave para proteger la salud cerebral y preservar la memoria a lo largo de la vida.