El uso de paracetamol durante el embarazo no está asociado con un mayor riesgo de autismo, trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) u otros problemas del neurodesarrollo en la infancia, concluye una nueva y amplia investigación científica publicada en The Lancet Regional Health – Europe.
El estudio, uno de los más sólidos realizados hasta ahora sobre el tema, pone fin a más de una década de incertidumbre, miedo y confusión entre mujeres embarazadas, generados por estudios observacionales pequeños y titulares alarmistas que nunca lograron demostrar una relación causal entre el medicamento y alteraciones neurológicas en los niños.
La investigación consiste en una revisión sistemática y metaanálisis que analizó información de más de 2.4 millones de madres e hijos en distintos países europeos. A diferencia de trabajos previos, el análisis ajustó factores genéticos y familiares, consideró las causas reales del consumo del fármaco —como fiebre, dolor e infecciones—, comparó hermanos dentro de la misma familia y evaluó dosis, frecuencia y momento del uso durante el embarazo.
Los resultados fueron contundentes: no se encontró evidencia consistente que relacione el consumo prenatal de paracetamol con un mayor riesgo de autismo, TDAH u otros trastornos del desarrollo neurológico.
Los autores explican que gran parte de la alarma previa se debió a una confusión entre correlación y causalidad. En muchos estudios anteriores no se distinguía entre los efectos del medicamento y los de la fiebre materna, condición que sí está asociada con complicaciones neurológicas y que, precisamente, suele tratarse con paracetamol. Sin ese ajuste, el fármaco aparecía erróneamente como el responsable.
Especialistas en salud materna y epidemiología coincidieron en que el nuevo estudio representa uno de los niveles más altos de evidencia disponibles en investigación observacional. “Evitar el paracetamol por miedo injustificado puede ser más peligroso que usarlo, sobre todo cuando se trata de fiebre alta durante el embarazo”, advirtió la doctora Karen Parker, citada en el análisis.
El mensaje de los investigadores no es promover un uso indiscriminado, sino responsable. Las guías clínicas internacionales mantienen al paracetamol como el analgésico de primera línea durante el embarazo, siempre que se utilice en las dosis recomendadas y bajo supervisión médica, evitando tratamientos prolongados sin indicación profesional.
Más allá de los hallazgos médicos, el estudio también abre un debate sobre el impacto emocional de la desinformación. Durante años, muchas mujeres cargaron con culpa innecesaria por haber tomado un medicamento común, temiendo haber causado daño a sus hijos. Los autores subrayan la necesidad de comunicar la ciencia con rigor y cautela, para evitar que hipótesis preliminares se conviertan en miedos colectivos con consecuencias reales en la salud pública.
Con esta nueva evidencia, especialistas esperan decisiones clínicas mejor informadas, menor temor injustificado y una conversación más clara entre médicos y pacientes sobre riesgos reales frente a percepciones erróneas. El paracetamol, concluyen, sigue siendo una herramienta segura y valiosa durante el embarazo cuando se usa de forma adecuada y basada en evidencia científica.