La corredora rarámuri Lorena Ramírez volvió a colocar el nombre de México y de la Sierra Tarahumara en la élite del ultramaratón mundial, al completar el exigente Hong Kong 100, una de las pruebas de montaña más duras del planeta, con un tiempo récord personal de 22 horas, 24 minutos y 10 segundos.
El logro cobra mayor dimensión si se consideran las condiciones adversas que enfrentó la atleta mexicana: temperaturas gélidas, alta humedad, un terreno técnico con un desnivel acumulado de cinco mil metros y la falla de sus lámparas, que la obligó a correr varios tramos en completa oscuridad. Aun así, Ramírez logró mejorar casi cuatro horas su marca anterior y cruzar la meta entre la ovación del público.
Aunque finalizó en la posición 359 de la clasificación general, el verdadero triunfo de Lorena no estuvo en el lugar obtenido, sino en su capacidad de resistir física y mentalmente uno de los retos más demandantes del ultrafondo internacional. Vestida con su atuendo tradicional rarámuri y calzando huaraches, la corredora reafirmó su identidad cultural en un escenario global.
La competencia, caracterizada por su dureza extrema, puso a prueba no solo la condición física de los participantes, sino también su fortaleza mental. En el caso de Lorena Ramírez, la adversidad se transformó en motivación, demostrando que la resistencia no solo se mide en kilómetros, sino en la determinación de continuar pese a las dificultades.
Más allá del aspecto deportivo, su participación representó un mensaje de orgullo cultural. Lorena llevó consigo la cosmovisión rarámuri, en la que correr es parte esencial de la vida cotidiana y espiritual, mostrando que la tradición puede convivir con la modernidad y competir al más alto nivel.
El ejemplo de la corredora mexicana se consolida como una fuente de inspiración para nuevas generaciones de atletas y para quienes buscan superar sus propios límites. Completar el Hong Kong 100 bajo frío extremo y sin iluminación en varios tramos quedará como una hazaña que trasciende el deporte y se inscribe en la memoria colectiva como símbolo de resistencia, identidad y orgullo rarámuri.