Mascar chicle dejó de ser un gesto automático o una simple golosina para posicionarse como un aliado inesperado de la salud cerebral. Diversos estudios científicos han documentado que la masticación activa redes neuronales, incrementa el flujo sanguíneo hacia zonas estratégicas del cerebro y contribuye tanto al bienestar mental como físico.
Investigaciones publicadas en revistas especializadas como Nutritional Neuroscience y Brain Sciences señalan que el movimiento rítmico de la mandíbula estimula la irrigación de la corteza prefrontal, región encargada de la atención, la toma de decisiones y el control cognitivo. Este aumento en la oxigenación cerebral se traduce en una mayor velocidad de procesamiento de la información, mejores tiempos de reacción y una reducción de errores por distracción, especialmente en tareas prolongadas o monótonas.
Los científicos destacan que masticar chicle de manera constante puede mantener al cerebro en un estado de alerta óptimo, lo que resulta útil durante el estudio, la conducción o el trabajo intelectual intenso. Incluso el ritmo de la masticación influye: hacerlo de forma más rápida potencia la activación neuronal y la respuesta cognitiva.
Además de sus beneficios sobre la concentración, el chicle también muestra efectos positivos en la reducción del estrés. Estudios con tecnología de imagen cerebral confirman que la masticación atenúa la respuesta del cerebro ante estímulos estresantes, como el ruido ambiental, y favorece un estado de concentración relajada. Este proceso se asocia con un aumento de las ondas alfa, vinculadas a la calma y al equilibrio emocional.
El efecto calmante puede intensificarse con ciertos sabores. De acuerdo con la evidencia científica, los chicles con menta o cítricos generan una mayor sensación de relajación que los insípidos, al reforzar la estimulación sensorial y la percepción de confort en momentos de presión.
En el ámbito de la alimentación, el chicle sin azúcar se perfila como una herramienta útil para controlar el hambre y los antojos. Estudios publicados en la revista Nutrients indican que la masticación simula el acto de comer y activa reflejos digestivos sin aportar calorías, lo que estimula hormonas de saciedad y reduce el impulso de consumir alimentos entre comidas. Masticar durante aproximadamente 45 minutos puede disminuir de forma temporal la sensación de hambre y ayudar a manejar la ansiedad alimentaria.
Los beneficios del chicle se extienden también a la salud general. En el ámbito clínico, se ha observado que puede favorecer la recuperación de la función intestinal tras cirugías, además de actuar como un analgésico leve al elevar los niveles de serotonina, la llamada hormona de la felicidad. Asimismo, los chicles de nicotina continúan siendo una de las terapias más eficaces para dejar de fumar, mientras que las gomas con cafeína se utilizan como apoyo para mejorar el rendimiento deportivo y reducir la fatiga.
Especialistas coinciden en que, utilizado con moderación y preferentemente sin azúcar, el chicle puede ser un recurso sencillo, accesible y de bajo costo para mejorar la atención, disminuir el estrés y apoyar la salud integral. Un pequeño hábito cotidiano que, según la ciencia, tiene un impacto mayor del que se pensaba.