Una simple gota de sangre seca, obtenida mediante un pinchazo en la yema del dedo, podría convertirse en una herramienta clave para el diagnóstico temprano de la enfermedad de Alzheimer, evitando pruebas invasivas y costosas como el análisis de líquido cefalorraquídeo o los estudios avanzados de imagen cerebral.
De acuerdo con un estudio publicado en la revista científica Nature Medicine, investigadores desarrollaron un nuevo método de detección basado en el análisis de biomarcadores presentes en una gota de sangre depositada y secada en una tarjeta especial. El procedimiento fue evaluado en 337 pacientes de siete centros europeos, logrando una precisión del 86% en la identificación de alteraciones asociadas al Alzheimer.
La investigación se centró en detectar proteínas relacionadas con la enfermedad y con cambios cerebrales que tradicionalmente se identifican mediante estudios más complejos. Los resultados mostraron que los niveles de la proteína p-tau217 obtenidos a través de la punción digital coincidieron ampliamente con los análisis de sangre convencionales y con los hallazgos en el líquido cefalorraquídeo.
Además, el método permitió medir con éxito otros dos biomarcadores relevantes: la proteína ácida fibrilar glial (GFAP), asociada a la activación de células de soporte cerebral vinculadas a la acumulación de placas de amiloide y ovillos de tau, y el neurofilamento ligero (NFL), un indicador clave de daño neuronal y neurodegeneración. Ambos mostraron una alta concordancia con las pruebas diagnósticas tradicionales.
El Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa que afecta gravemente la memoria y otras funciones cognitivas, provocando una pérdida progresiva de neuronas. Su detección temprana es crucial para aplicar tratamientos que ayuden a retrasar o frenar su avance. Según la organización Alzheimer’s Association, alrededor de una de cada nueve personas mayores de 65 años padece esta enfermedad.
Actualmente, uno de los principales desafíos en la investigación médica es contar con métodos de diagnóstico accesibles, ya que las pruebas disponibles suelen ser invasivas, costosas o poco disponibles, y generalmente identifican la enfermedad cuando ya se encuentra en una etapa avanzada.
El estudio, en el que participaron el Instituto de Salud Carlos III y el Centro de Investigación del Alzheimer ACE de Barcelona, también destaca que la prueba puede ser realizada por los propios pacientes, sin necesidad de personal especializado, lo que facilitaría su aplicación en comunidades con recursos limitados.
Aunque los investigadores subrayan que el procedimiento aún no está listo para su uso clínico y requiere validaciones adicionales, los resultados abren la posibilidad de realizar diagnósticos a gran escala y de forma temprana, lo que podría marcar un cambio significativo en la lucha contra el Alzheimer.