A pesar de los avances en materia de equidad de género, las mujeres siguen subrepresentadas en la ciencia. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), a escala mundial solo 33 de cada 100 científicos son mujeres. En México, la cifra es similar: 32.3 científicas por cada centenar de expertos en disciplinas científicas.
En el marco del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, que se conmemora cada 11 de febrero, la Unesco subrayó la importancia de reconocer el papel clave de las mujeres en la comunidad científica y tecnológica, así como visibilizar la desigualdad de género que aún enfrentan en estos campos.
El organismo internacional enfatizó que “cerrar la brecha es importante no solo para la equidad, sino también para la calidad, la pertinencia y el impacto de la ciencia, la tecnología y la innovación”. Este año, la conmemoración se realiza bajo el lema: “De la visión al impacto: Redefiniendo las ciencias, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas. Cerrando la brecha de género”.
Pese al panorama desigual, niñas y jóvenes mexicanas continúan apostando por carreras científicas. Mia Lugo Viñalf, estudiante de Ingeniería en Biotecnología del Tecnológico de Monterrey, reconoce que existe mayor conciencia social sobre la necesidad de incluir a más mujeres en la ciencia, aunque advierte que el camino sigue siendo más complejo para ellas.
“Muchas jóvenes de mi generación sabemos que podemos ser científicas, pero no es el mismo camino que el que siguen los hombres. Hay más desafíos. Se nos dice que avanzar en la ciencia es como subir una escalera, vas peldaño a peldaño, pero para la mayoría de las mujeres va en zigzag y con obstáculos”, afirma.
Desde pequeña, relata, sintió afinidad por las matemáticas y los aspectos más complejos de la biología, lo que la llevó a elegir una ingeniería. “Me da mucho gusto constatar que en mi generación, al menos la mitad de los estudiantes somos mujeres, porque también es importante hacer ciencia, pero con mirada de mujer”, señala.
El interés por las disciplinas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) comienza desde edades tempranas. Lorena, alumna de quinto de primaria en la alcaldía Venustiano Carranza, sueña con convertirse en ingeniera en mecatrónica. “Desde que me acuerdo le pedía a mis papás que me regalaran robots. Me daba mucha curiosidad saber cómo funcionan, y me encantaría diseñar alguno”, comenta.
Rosa Ivette, de 14 años, aspira a estudiar físico-matemáticas en el Instituto Politécnico Nacional para convertirse en astrónoma. Su interés nació al observar el cielo estrellado en el pueblo de su madre. “Siempre le preguntaba cuántas estrellas había y qué tan lejos estaban, pero nadie me podía responder. Eso me dio mucha curiosidad y así fue que me gustó estudiar lo que no podemos tocar, porque está muy lejos”, explica.
Las cifras de la Unesco reflejan que, aunque la participación femenina en la ciencia ha crecido, el acceso a oportunidades, el reconocimiento y la permanencia en carreras científicas aún presentan retos estructurales.
En este contexto, especialistas coinciden en que impulsar políticas públicas, fortalecer referentes femeninos en la ciencia y promover vocaciones desde la educación básica serán factores clave para avanzar hacia una comunidad científica más diversa e inclusiva.