América Latina y el Caribe enfrentaron en 2025 una sucesión de desastres climáticos y episodios de calor extremo sin precedentes, pero la región continúa sin contar con mecanismos suficientes para medir las muertes provocadas por las altas temperaturas, alertó la Organización Meteorológica Mundial en su más reciente informe sobre el estado del clima regional.
El documento Estado del clima en América Latina y el Caribe 2025, presentado en Brasilia, describe un panorama marcado por sequías históricas, lluvias torrenciales, inundaciones, deslizamientos de tierra, huracanes devastadores y olas de calor que superaron los 45 grados Celsius en diversas zonas del continente.
De acuerdo con el reporte, países como Perú, Ecuador, Brasil, Colombia y Venezuela fueron golpeados por precipitaciones extremas que provocaron severas afectaciones humanas y materiales, mientras que el huracán Melissa devastó Jamaica con pérdidas económicas equivalentes a más del 40 por ciento de su Producto Interno Bruto.
En México, el informe señala que el 85 por ciento del territorio nacional sufrió condiciones de sequía durante el año, mientras que los glaciares andinos —de los cuales dependen alrededor de 90 millones de personas para su abastecimiento de agua— aceleraron su proceso de deshielo.
La OMM destacó que las olas de calor recurrentes e intensas representan una amenaza creciente para la salud pública; sin embargo, advirtió que la mayoría de los países latinoamericanos no publica de manera sistemática estadísticas sobre fallecimientos asociados a temperaturas extremas.
El organismo estima que alrededor de 13 mil personas mueren cada año en América Latina por causas relacionadas con el calor, tomando como referencia datos de 17 países entre 2012 y 2021, aunque reconoce que la cifra probablemente está subestimada debido a la falta de registros oficiales precisos.
José Marengo, autor principal del informe y especialista del Centro Nacional de Monitoreo y Alertas de Desastres Naturales de Brasil, subrayó la urgencia de fortalecer la recopilación de datos que permitan relacionar las olas de calor con los índices de mortalidad.
“A medida que se intensifiquen los episodios de calor extremo, la mortalidad evitable solo se podrá reducir si se redobla la cooperación entre las esferas del clima y la salud”, advirtió la OMM en el documento.
Brasil ejemplifica la magnitud de la crisis climática en la región. Durante 2025, el Instituto Nacional de Meteorología brasileño registró siete olas de calor. En febrero, Río de Janeiro alcanzó temperaturas de 44 grados Celsius, mientras que São Paulo rompió en diciembre su récord histórico de temperatura con 37.2 grados tras 64 años de mediciones.
Ante estas condiciones, escuelas retrasaron el regreso a clases y autoridades habilitaron “refugios climáticos” para proteger a la población del calor extremo. No obstante, las muertes directamente asociadas a estas temperaturas continúan prácticamente invisibles en las estadísticas oficiales.
La secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, afirmó que la información climática “no se trata solo de datos, sino de personas” y llamó a fortalecer los sistemas de observación y alerta temprana para proteger vidas.
El informe también recordó que el Plan de Acción en Salud de Belém, aprobado durante la COP30 de la ONU, establece una hoja de ruta para adaptar los sistemas de salud frente a la crisis climática, aunque la OMM urgió a los gobiernos de la región a acelerar su implementación.
“La necesidad de integrar las alertas meteorológicas tempranas con los sistemas de activación de salud pública es imperiosa”, concluye el organismo, al advertir que el cambio climático está intensificando fenómenos extremos a un ritmo que supera la capacidad de respuesta de numerosos países latinoamericanos.