Las condiciones laborales en México están influyendo de manera significativa en los hábitos alimenticios de millones de trabajadores, quienes cada vez dependen más de la comida preparada fuera de casa y destinan una parte importante de sus ingresos a la alimentación durante la jornada laboral, reveló una investigación presentada en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
El estudio, elaborado por Tiana Bakić, integrante del Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales de El Colegio de México, analizó cómo las dinámicas de trabajo impactan tanto en las decisiones alimentarias como en el gasto cotidiano de diversos sectores laborales.
La investigación incluyó entrevistas a trabajadores domésticos, barrenderos, personal de limpieza, albañiles, ayudantes de construcción, cargadores y conductores de transporte público y privado, ocupaciones que comparten condiciones de precariedad salarial y elevados niveles de informalidad, aunque se desarrollan en entornos distintos.
Entre los principales hallazgos destaca que muchos trabajadores gastan entre 150 y 200 pesos diarios en alimentos consumidos fuera de casa, incluyendo café, tortas, tacos, refrescos y comida corrida. En algunos casos, este desembolso representa hasta 30 por ciento de sus ingresos diarios, una situación atribuida principalmente a la falta de tiempo para preparar alimentos en casa.
La especialista explicó que este gasto acumulado puede convertirse en una carga económica considerable, especialmente para quienes perciben ingresos limitados o enfrentan jornadas laborales extensas.
Además del impacto financiero, el estudio documentó prácticas alimentarias poco saludables derivadas de las exigencias del trabajo. Entre ellas se encuentran saltarse comidas, reducir el tiempo destinado a alimentarse o incluso consumir alimentos mientras se realizan actividades laborales.
De acuerdo con la investigación, muchos trabajadores optan por omitir comidas para concluir antes sus actividades y regresar más rápido a sus hogares, sacrificando así una alimentación adecuada. Estas conductas son particularmente frecuentes en empleos que demandan esfuerzo físico constante o una alta movilidad, donde resulta complicado disponer de un espacio y tiempo suficientes para comer.
El análisis también señala que la experiencia de alimentación cambia según el tipo de ocupación. Mientras en sectores como la construcción la comida puede convertirse en un momento de convivencia entre compañeros, en actividades como el transporte o el comercio informal suele realizarse de manera apresurada y en solitario.
La investigación retoma además un factor estructural que agrava esta problemática: las extensas jornadas laborales en México. Según datos citados en el informe, el país se mantiene entre las naciones con más horas trabajadas dentro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, registrando alrededor de 2 mil 193 horas laborales al año.
Este contexto, concluye el estudio, provoca que las decisiones alimentarias de los trabajadores estén determinadas en gran medida por la disponibilidad de tiempo y las condiciones de trabajo, más que por criterios relacionados con la salud o la nutrición, lo que plantea nuevos desafíos para el bienestar y la calidad de vida de la población ocupada en México.