11 de June de 2026

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Mundial 2026 podría convertirse en el torneo más contaminante de la historia, advierten especialistas

A pocos días de que inicie la Copa Mundial de Futbol 2026, especialistas en sustentabilidad y cambio climático han encendido las alertas sobre el impacto ambiental que podría generar el torneo organizado por México, Estados Unidos y Canadá. Aunque la FIFA ha presentado la competencia como un modelo de innovación y responsabilidad ambiental, diversos análisis apuntan a que podría convertirse en la edición más contaminante en la historia del futbol.

Desde su creación en 1930, la Copa del Mundo ha trascendido el ámbito deportivo para convertirse en un fenómeno cultural, social y económico de alcance global. Sin embargo, en un contexto marcado por la emergencia climática y las advertencias del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), el modelo de los megaeventos deportivos enfrenta cuestionamientos cada vez más severos sobre su sostenibilidad.

La principal apuesta ambiental de los organizadores ha sido el uso de infraestructura ya existente. A diferencia de la Copa del Mundo celebrada en Qatar en 2022, donde siete de los ocho estadios fueron construidos específicamente para el torneo, el Mundial de 2026 utilizará recintos deportivos previamente edificados, reduciendo así el impacto asociado a nuevas construcciones.

No obstante, expertos señalan que el problema ambiental va mucho más allá de los estadios. La ampliación del torneo de 32 a 48 selecciones y el incremento de partidos de 64 a 104 representan un desafío sin precedentes en términos de movilidad y emisiones contaminantes.

Uno de los factores más preocupantes corresponde a las llamadas emisiones de Alcance 3, aquellas generadas indirectamente a través de actividades vinculadas al evento, especialmente los desplazamientos aéreos de selecciones, personal operativo, patrocinadores y millones de aficionados que recorrerán largas distancias entre las distintas sedes.

La dispersión geográfica del torneo obligará a realizar constantes traslados entre ciudades tan alejadas como Vancouver, Miami y Ciudad de México, una situación que, de acuerdo con especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), resulta incompatible con los objetivos globales de descarbonización.

Las estimaciones más recientes indican que el transporte podría representar más del 85 por ciento de la huella de carbono total del certamen. Incluso, análisis internacionales proyectan que el Mundial 2026 podría generar más de nueve millones de toneladas de dióxido de carbono, una cifra que superaría ampliamente las emisiones registradas en ediciones anteriores.

Los especialistas también cuestionan las estrategias de sustentabilidad promovidas por los organizadores, al considerar que medidas como el reciclaje de residuos, la eficiencia energética o el uso de iluminación LED resultan insuficientes frente al impacto generado por la magnitud del evento.

Esta práctica, conocida como “greenwashing” o ecoimpostura, consiste en destacar acciones ambientales de alcance limitado mientras se minimizan o ignoran los costos ecológicos más significativos. De acuerdo con los expertos, este fenómeno ha sido recurrente en diversos megaeventos deportivos internacionales.

A ello se suma otro desafío: los efectos directos del cambio climático sobre el propio desarrollo de la competencia. Las altas temperaturas previstas en varias sedes de Norteamérica podrían afectar tanto a jugadores como a espectadores, obligando a incrementar el uso de sistemas de aire acondicionado en estadios cerrados.

Los investigadores advierten que esta situación representa una paradoja climática, ya que las medidas adoptadas para enfrentar el calor extremo pueden incrementar el consumo energético y, en consecuencia, aumentar las emisiones de gases de efecto invernadero que contribuyen al calentamiento global.

Ante este panorama, especialistas sostienen que el futuro de los grandes torneos deportivos requiere una transformación profunda que priorice criterios ambientales por encima de los intereses comerciales. Entre las propuestas planteadas destacan la organización de competencias en regiones geográficas más compactas, la reducción de desplazamientos internacionales y la adopción de modelos que limiten el crecimiento constante de estos eventos.

Mientras millones de aficionados se preparan para celebrar una nueva edición de la Copa del Mundo, el debate sobre su impacto ambiental coloca al futbol frente a uno de los mayores desafíos de su historia: demostrar que la pasión deportiva puede coexistir con la necesidad urgente de proteger al planeta.

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