La creencia popular de que algunas personas tienen «la sangre dulce» y por ello reciben más picaduras de mosquitos carece de respaldo científico. Una investigación realizada por especialistas de The Rockefeller University identificó que la verdadera explicación está en la química de la piel, un hallazgo que podría abrir nuevas vías para prevenir enfermedades transmitidas por estos insectos.
El estudio, publicado en la revista científica Cell, encontró que las personas con mayores concentraciones de ácidos carboxílicos en la piel resultan significativamente más atractivas para el mosquito Aedes aegypti, especie responsable de la transmisión de enfermedades como dengue, zika, chikungunya y fiebre amarilla.
Los investigadores explicaron que estos insectos no eligen a sus víctimas al azar. Primero detectan el dióxido de carbono que las personas exhalan al respirar y, una vez que se acercan, utilizan señales como el calor corporal, la humedad y el olor de la piel para decidir dónde alimentarse.
Para comprobar esta hipótesis, el equipo científico analizó durante varios años el comportamiento de mosquitos frente al olor corporal de decenas de voluntarios. Los participantes utilizaron mangas de nailon sobre los antebrazos durante varias horas para impregnar el tejido con los compuestos presentes en la piel. Posteriormente, las muestras fueron expuestas a mosquitos en condiciones controladas.
Los resultados mostraron un patrón constante: quienes atraían más insectos presentaban niveles elevados de ácidos carboxílicos, moléculas derivadas del sebo que produce la piel y que son modificadas por la microbiota cutánea, el conjunto de microorganismos que habitan naturalmente en la superficie del cuerpo.
Uno de los hallazgos más relevantes fue que esta característica permaneció prácticamente sin cambios a lo largo del tiempo, incluso cuando los participantes modificaron hábitos cotidianos como el uso de jabones, productos de higiene o perfumes. Esto sugiere que la composición química de la piel depende principalmente de factores biológicos relativamente estables.
Además de estos compuestos, la evidencia científica confirma que los mosquitos utilizan múltiples señales para localizar a sus hospedadores. Entre ellas destacan el dióxido de carbono liberado al respirar, la temperatura corporal, la humedad de la piel y los olores generados por la interacción entre el sebo y la microbiota cutánea. Asimismo, la actividad física puede incrementar temporalmente la producción de calor y sudor, aumentando la probabilidad de recibir picaduras.
Los especialistas subrayaron que este descubrimiento no significa que ya exista una forma de modificar la atracción de los mosquitos, pero sí representa un avance para comprender cómo seleccionan a sus hospedadores. A partir de este conocimiento podrían desarrollarse, en el futuro, nuevos repelentes o estrategias que bloqueen las señales químicas utilizadas por estos insectos.
Mientras tanto, organismos internacionales mantienen las recomendaciones para prevenir las picaduras. El Centers for Disease Control and Prevention (CDC) aconseja utilizar repelentes autorizados, vestir ropa que cubra brazos y piernas cuando sea posible, instalar mosquiteros y eliminar recipientes con agua estancada donde los mosquitos puedan reproducirse.
Por su parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que el control del mosquito transmisor continúa siendo la medida más efectiva para reducir la propagación del dengue, zika, chikungunya y fiebre amarilla, enfermedades que cada año afectan a millones de personas en distintas regiones del mundo.
El estudio aporta evidencia sólida para desmontar uno de los mitos más extendidos sobre las picaduras de mosquitos y confirma que, más que la llamada «sangre dulce», es la huella química única de la piel la que determina qué personas resultan más atractivas para estos insectos.