Permanecer durante largos periodos frente al televisor en la mediana edad podría tener consecuencias para la salud cerebral décadas después. Así lo advierte una investigación publicada en la revista científica Alzheimer’s & Dementia: The Journal of the Alzheimer’s Association, que encontró una relación entre el consumo excesivo de televisión y cambios cerebrales asociados con la enfermedad de Alzheimer y otras formas de deterioro cognitivo.
El estudio siguió durante casi 24 años a más de mil 700 adultos, quienes reportaron sus hábitos de consumo televisivo cuando tenían poco más de 50 años. Años después, cuando los participantes rondaban los 70 años, fueron sometidos a estudios de resonancia magnética para evaluar posibles alteraciones en la estructura del cerebro relacionadas con el envejecimiento.
Los resultados revelaron que los hombres que reportaban ver televisión con frecuencia presentaban un mayor daño en la sustancia blanca cerebral, una condición vinculada con la demencia, además de una reducción en el tamaño de los lóbulos frontal y occipital, regiones responsables de funciones como la toma de decisiones, la planificación y el procesamiento visual.
En contraste, los investigadores no encontraron una asociación significativa entre el tiempo dedicado a ver televisión y estos cambios cerebrales en las mujeres. Los autores plantean que esta diferencia podría explicarse por patrones distintos de comportamiento sedentario, ya que las mujeres suelen interrumpir con mayor frecuencia los periodos prolongados de inactividad, además de posibles diferencias biológicas y hormonales que aún requieren mayor investigación.
El estudio también identificó que no todas las actividades sedentarias tienen el mismo impacto sobre la salud cerebral. Los participantes cuyos trabajos implicaban permanecer sentados durante largas jornadas frente a un escritorio no mostraron las mismas alteraciones, lo que sugiere que las actividades que exigen un esfuerzo intelectual constante podrían ser menos perjudiciales que el consumo pasivo de televisión.
Los investigadores consideran que estos hallazgos modifican la forma de entender los efectos del sedentarismo. Más allá del tiempo que una persona permanece sentada, señalan que también resulta fundamental analizar qué actividad realiza durante ese periodo.
Asimismo, el análisis mostró que la relación entre ver televisión de forma prolongada y los cambios cerebrales persistía incluso en personas que realizaban actividad física de manera regular, lo que indica que el ejercicio, aunque beneficioso para la salud, podría no compensar completamente los efectos derivados de largos periodos de visualización pasiva.
Otra de las hipótesis planteadas por los especialistas es que los hombres incluidos en la investigación tendían a ver televisión durante periodos más largos e ininterrumpidos, lo que podría explicar la mayor asociación observada en este grupo.
Aunque el estudio no evaluó el tipo de contenidos consumidos por los participantes, especialistas externos consideran que la calidad de la programación también podría influir en la estimulación cerebral. Programas educativos, documentales o series con tramas complejas podrían favorecer procesos cognitivos como la memoria, el razonamiento y la capacidad de análisis, a diferencia del entretenimiento completamente pasivo.
Los autores subrayan que los resultados no demuestran una relación de causa y efecto, pero sí fortalecen la evidencia sobre la importancia de reducir los periodos prolongados de sedentarismo y promover actividades que mantengan activo al cerebro, especialmente durante la mediana edad, como una estrategia para favorecer un envejecimiento cognitivo saludable.