Mientras millones de personas enfrentan hambre e inseguridad alimentaria y una tercera parte de la población mundial no puede permitirse una dieta equilibrada, científicos desarrollan una tecnología que busca convertir uno de los principales contaminantes del planeta en una fuente de alimento.
Investigadores de la Universidad del Sur de Illinois (SIU) Carbondale, como parte de un proyecto liderado por la NASA para desarrollar alimentos destinados a misiones en el espacio profundo, trabajan en un método para transformar residuos plásticos y agrícolas en productos comestibles con alto contenido de proteínas.
La propuesta emplea levaduras programadas para aprovechar las moléculas de carbono presentes en materiales como el tereftalato de polietileno (PET), utilizado ampliamente en botellas de agua y refrescos, así como en tallos, hojas de maíz y otros residuos de biomasa.
El proceso comienza con una técnica denominada disolución hidrotérmica oxidativa, que utiliza agua y oxígeno a altas temperaturas y presiones para descomponer los materiales en fragmentos que posteriormente pueden ser aprovechados por los microorganismos.
Las levaduras utilizan esos componentes como fuente de alimento y los transforman en ingredientes como proteínas, grasas y ácidos, además de vitaminas y saborizantes. Entre los microorganismos empleados se encuentra la levadura del pan, modificada para procesar los residuos.
Como etapa final, los investigadores incorporan fibra, almidón y edulcorantes y utilizan una impresora 3D para elaborar unas galletas ricas en proteínas denominadas µBites, cuyo nombre se pronuncia “microbites”.
De acuerdo con los científicos, las galletas son seguras para el consumo; sin embargo, aún esperan la autorización de las autoridades correspondientes para realizar pruebas de sabor. Hasta ahora, las evaluaciones preliminares han otorgado buenas calificaciones a su aroma y la mayoría de los participantes consultados señaló que estaría dispuesta a consumirlas en situaciones donde los recursos alimentarios fueran limitados.
El equipo considera que esta tecnología podría tener aplicaciones tanto en la Tierra como en escenarios extremos, incluidos desastres naturales, submarinos y futuras misiones o colonias en la Luna y Marte.
El investigador Lahiru Jayakody, profesor adjunto y coautor del estudio, explicó que el objetivo inicial era desarrollar métodos para convertir los residuos plásticos en productos de mayor valor, pero posteriormente surgió la posibilidad de utilizarlos como materia prima para producir alimentos.
Los investigadores estiman que la demanda mundial de alimentos podría aumentar entre 35 y 56 por ciento para 2050, mientras una parte importante de la población estaría en riesgo de sufrir hambre. Ante este escenario, consideran que el aprovechamiento de microorganismos podría convertirse en una alternativa para producir alimentos a partir de materiales que actualmente son considerados desperdicios.