19 de September de 2026

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Hallan en México libro científico de 1722 con investigaciones de pionero de la microbiología

Un ejemplar de 1722 de Arcana Naturae Detecta, considerado una joya bibliográfica y científica por reunir parte de las investigaciones de Antonie van Leeuwenhoek, uno de los pioneros de la microbiología, fue localizado en la colección de libros raros de la Biblioteca Nacional de México.

El hallazgo ocurrió en 2024, pero fue dado a conocer el pasado 6 de septiembre mediante un artículo publicado en Notes and Records, revista de la Royal Society especializada en historia de la ciencia.

El descubrimiento fue realizado por investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), encabezados por Islas Morales, junto con Ruy Echavarría Rodríguez, Martha Eugenia Rodríguez Pérez, Alberto Partida, Martha Romero, Yudy Tibaduiza, Lourdes Segura Valdez y Luis F. Jiménez-García.

El volumen corresponde a la segunda edición de Arcana Naturae Detecta, impresa en Leiden, Países Bajos, en 1722. La obra reúne 38 cartas traducidas al latín y acompañadas de anotaciones del propio Leeuwenhoek.

Una de las claves para reconstruir su historia se encuentra en la portada, donde aparece una marca de propiedad que señala: “Pertenece al Colegio de Carmelitas Descalzos de San Joaquín/Se compró en 1746”.

El antiguo convento de San Joaquín de los Carmelitas Descalzos se encontraba en la Ciudad de México y actualmente es considerado un monumento histórico protegido por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Los investigadores también descubrieron que el libro ya figuraba en un catálogo de la Biblioteca Nacional de México elaborado durante el siglo XIX, bajo la dirección de José María Vigil. Posteriormente, con las Leyes de Reforma que nacionalizaron los bienes eclesiásticos, el volumen pasó a formar parte del patrimonio nacional en 1859.

Entre 1750 y 1765, los Carmelitas Descalzos importaron 219 cajas con alrededor de 23 mil libros destinados a sus 16 conventos en la entonces Nueva España. Sin embargo, la documentación disponible no permite determinar qué títulos fueron incluidos en cada embarque, por lo que los especialistas aún no pueden establecer con precisión la ruta que siguió el ejemplar adquirido en 1746.

La investigación también permitió localizar referencias a otro ejemplar de una obra de Leeuwenhoek en Chile, después de revisar los catálogos de 22 bibliotecas nacionales de América Latina.

Un testimonio de la ciencia en la Nueva España

La relevancia del libro va más allá de su antigüedad. Leeuwenhoek realizó sus investigaciones utilizando microscopios de una sola lente que él mismo fabricaba y llegó a construir alrededor de 500 instrumentos, algunos con capacidad de alcanzar hasta 300 aumentos.

A través de sus observaciones describió organismos unicelulares, bacterias y protozoos, además de espermatozoides, glóbulos rojos y capilares sanguíneos. También estudió fenómenos relacionados con la fermentación, la generación espontánea y la vida microscópica.

La publicación de sus investigaciones en latín permitió que sus observaciones circularan más ampliamente fuera de los Países Bajos e Inglaterra y llegaran a distintos territorios de Europa y América.

La presencia de un ejemplar en la Ciudad de México desde 1746 constituye, de acuerdo con los investigadores, una evidencia de que las ideas científicas vinculadas con la microscopía llegaron a la Nueva España en una época en la que las comunicaciones entre Europa y América eran lentas.

Una noticia podía tardar entre dos y tres meses en viajar de Madrid a México, mientras que el traslado de un libro podía prolongarse hasta un año adicional debido a los controles de la Inquisición.

Para los autores del estudio, la existencia del volumen demuestra la presencia de redes activas de circulación del conocimiento científico y aporta nuevos elementos para estudiar la vida intelectual de la Nueva España durante el siglo XVIII.

El ejemplar, junto con otros libros científicos procedentes de la antigua biblioteca carmelita, sugiere que los círculos académicos de la Ciudad de México mantenían vínculos con las corrientes intelectuales internacionales de su época.

Actualmente, después de casi tres siglos en México, el libro permanece bajo resguardo de la Biblioteca Nacional de México, donde forma parte de su colección de libros raros y puede ser consultado públicamente.

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