21 de September de 2026

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Cambiar los horarios de comida el fin de semana podría aumentar el riesgo cardiovascular

Cambiar de manera significativa los horarios de las comidas entre los días laborales y los fines de semana podría estar relacionado con un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular, especialmente en los hombres, de acuerdo con un estudio publicado en la revista Communications Medicine por investigadores del Instituto Nacional de Investigación para la Agricultura, la Alimentación y el Medio Ambiente de Francia (Inrae).

La investigación señala que las obligaciones laborales pueden modificar los hábitos alimenticios durante la semana, mientras que en los días de descanso los horarios de las comidas suelen acercarse nuevamente a los ritmos biológicos internos.

Esta diferencia es conocida como “jet lag alimentario” y puede alterar los ritmos circadianos del organismo. Estudios previos han relacionado las alteraciones del reloj biológico, como las provocadas por el trabajo nocturno o por consumir alimentos a horas tardías, con posibles efectos sobre la salud cardiovascular.

Para analizar esta relación, los investigadores utilizaron información de la cohorte NutriNet-Santé, un estudio científico en línea iniciado en Francia para investigar la relación entre alimentación y salud. El análisis incluyó datos de 104 mil 806 adultos, recopilados entre 2009 y 2023.

El desfase horario se calculó a partir de los horarios de la primera y la última comida del día, comparando los registros de los días laborales con los de los fines de semana. Además, los investigadores consideraron factores como edad, situación familiar, condiciones socioocupacionales, tabaquismo, consumo de alcohol, actividad física, dieta y sueño.

Los participantes fueron clasificados en tres grupos. El primero correspondió al “adelanto”, cuando las comidas se realizaban más temprano durante los fines de semana, con una diferencia promedio de dos horas. El segundo fue el grupo “regular”, integrado por quienes mantenían horarios similares. El tercero correspondió al “retraso”, cuando las comidas se realizaban más tarde los fines de semana, con una diferencia promedio de una hora y 40 minutos.

De acuerdo con los resultados, el desfase en los horarios de alimentación se asoció con un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular entre los hombres. Por cada hora adicional de diferencia en los horarios de las comidas, ya fuera por adelantar o retrasar la alimentación, se observó un aumento promedio de 14% en el riesgo de enfermedad cardiovascular y de 21% en el riesgo de enfermedad coronaria.

Tanto el grupo que adelantaba sus horarios de comida como el que los retrasaba presentó un mayor riesgo en comparación con quienes mantenían horarios regulares. En el caso de las mujeres, los investigadores no encontraron diferencias significativas.

Los autores plantearon varias hipótesis para explicar esta diferencia. Entre ellas se encuentran las variaciones fisiológicas entre hombres y mujeres, así como posibles diferencias en los estilos de vida y las condiciones laborales y sociales que pueden influir en los ritmos circadianos.

El estudio también señala que el riesgo absoluto de enfermedad cardiovascular es mayor entre los hombres, un factor que podría contribuir a las diferencias observadas.

Bernard Srour, director de Investigación del Inrae, recordó que trabajos anteriores habían sugerido una relación entre comer tarde y un mayor riesgo cardiovascular. El nuevo estudio plantea que la regularidad de los horarios de alimentación entre los días laborales y los fines de semana también podría ser relevante, más allá de la hora específica en que se realiza cada comida.

Los investigadores señalaron que las asociaciones observadas parecieron mantenerse incluso después de considerar la duración del sueño y otros factores relacionados con el estilo de vida. Sin embargo, subrayaron que se trata de un estudio observacional, por lo que los resultados no demuestran que el desfase en los horarios de comida sea una causa directa de las enfermedades cardiovasculares.

El equipo continuará investigando para determinar cómo los horarios de alimentación interactúan con los ritmos biológicos y qué papel podrían desempeñar en la salud cardiovascular.

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