La incorporación acelerada de herramientas de inteligencia artificial en la educación comienza a generar preguntas sobre sus efectos en el aprendizaje y el desarrollo de habilidades cognitivas. Investigaciones recientes sugieren que el impacto depende, en buena medida, de la manera en que los estudiantes utilizan estas tecnologías.
Investigadores de la Universidad de California en Irvine y de McGraw Hill analizaron una década de datos procedentes de plataformas de aprendizaje interactivo y compararon el desempeño de los estudiantes antes y después de la aparición de ChatGPT, en 2022.
El análisis distinguió entre ejercicios sencillos basados en texto, que pueden trasladarse directamente a un chatbot, y problemas visuales, interactivos o de múltiples pasos que requieren un proceso de razonamiento más elaborado.
De acuerdo con los resultados, después de 2022 disminuyó de manera importante el tiempo que los estudiantes dedicaban a reflexionar sobre preguntas sencillas, mientras que sus calificaciones en determinadas pruebas en línea aumentaron. Sin embargo, cuando algunos de estos alumnos fueron evaluados posteriormente en condiciones presenciales y sin acceso a computadoras, su desempeño mostró un deterioro respecto de los niveles registrados antes de la expansión de estas herramientas.
Sina Rismanchian, coautor de la investigación de la Universidad de California en Irvine, señaló que la tecnología puede permitir que los estudiantes deleguen parte del proceso intelectual necesario para resolver problemas matemáticos, reduciendo la práctica de habilidades que normalmente se desarrollan mediante el esfuerzo y la resolución de dificultades.
Otra investigación presentada en una conferencia especializada en modelado del lenguaje encontró que las personas que recurren habitualmente a herramientas para evitar esfuerzos de razonamiento pueden abandonar con mayor facilidad tareas complejas que, sin asistencia, podrían haber intentado resolver.
Los especialistas señalan que una de las posibles consecuencias es la pérdida de oportunidades para desarrollar habilidades mediante el proceso de equivocarse, corregir y encontrar soluciones, experiencias consideradas importantes para consolidar conocimientos.
El neurocientífico cognitivo Adam Green, de la Universidad de Georgetown, explicó que las herramientas de inteligencia artificial pueden representar una alternativa permanente para evitar determinados esfuerzos de razonamiento, en línea con la tendencia del cerebro humano a reducir el gasto de energía cuando existe una vía más sencilla para realizar una tarea.
Sin embargo, la evidencia también apunta a que la inteligencia artificial puede utilizarse como una herramienta de aprendizaje y no únicamente como un mecanismo para completar tareas.
Un estudio realizado por investigadores del Middlebury College siguió a más de 200 estudiantes universitarios divididos en dos grupos. Durante una primera etapa, algunos utilizaron herramientas digitales para investigar un tema y elaborar un ensayo, mientras que otros realizaron la actividad sin ese apoyo.
Los estudiantes que recibieron asistencia tecnológica produjeron textos más extensos y obtuvieron mejores evaluaciones. No obstante, las diferencias se hicieron evidentes cuando posteriormente todos tuvieron que realizar una evaluación presencial de manera individual y sin programas informáticos.
Los resultados variaron según la forma en que cada alumno había utilizado la tecnología. Quienes recurrieron a la inteligencia artificial para generar prácticamente todo el contenido de sus ensayos registraron una caída importante en su desempeño durante la evaluación presencial.
En cambio, aquellos que utilizaron la herramienta como una especie de tutor para aclarar conceptos, resolver dudas y comprender ideas complejas conservaron un mejor rendimiento y mostraron resultados favorables en sus trabajos.
Los hallazgos apuntan a una diferencia fundamental entre utilizar la inteligencia artificial para sustituir el proceso de aprendizaje y emplearla como apoyo durante ese proceso. En el primer caso, el estudiante puede reducir la práctica de habilidades que posteriormente tendrá que utilizar sin asistencia; en el segundo, la tecnología puede complementar la comprensión y facilitar el estudio.
La expansión de la inteligencia artificial en las aulas plantea así un nuevo desafío para estudiantes y docentes: encontrar mecanismos que permitan aprovechar la velocidad y capacidad de estas herramientas sin sustituir las actividades que desarrollan el razonamiento, la memoria y el pensamiento crítico.
Más que la simple presencia de la IA en la educación, las investigaciones señalan que será determinante el uso que los estudiantes hagan de ella y el equilibrio que las instituciones educativas establezcan entre asistencia tecnológica y aprendizaje autónomo.