El trabajo infantil continúa siendo un desafío social en México. Durante 2025, alrededor de 3.5 millones de niñas, niños y adolescentes de entre cinco y 17 años realizaron alguna ocupación no permitida o actividades domésticas en condiciones no adecuadas, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Trabajo Infantil (ENTI) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).
El organismo informó que la tasa nacional de trabajo infantil pasó de 12.3% en 2015 a 12.6% en 2025, aunque alcanzó su nivel más alto en 2022, cuando se ubicó en 13.1%.
Por sexo, la incidencia fue mayor entre los niños que entre las niñas. Durante la última década, la población masculina en esta situación disminuyó de 2.2 a 2.1 millones, mientras que la femenina se mantuvo en aproximadamente 1.4 millones.
De acuerdo con los resultados de la encuesta, 1.8 millones de menores desempeñaron ocupaciones no permitidas por la legislación laboral, ya sea por encontrarse por debajo de la edad mínima para trabajar o por realizar actividades consideradas peligrosas. De este total, 1.3 millones eran niños y 500 mil, niñas.
La ENTI identificó a 800 mil menores que trabajaban por debajo de la edad mínima permitida y a un millón que realizaban ocupaciones peligrosas, con exposición a riesgos físicos, químicos o psicosociales.
Entre las actividades más frecuentes se encontraron el apoyo en labores agrícolas, ganaderas y pesqueras, con 27.9%; los trabajos en minería, construcción e industria, con 25.2%, y las actividades de comercio y ventas, con 16.4%.
Las niñas dedican más tiempo a las labores domésticas
Además de las ocupaciones laborales, el INEGI contabilizó a 1.9 millones de niñas, niños y adolescentes que realizaron quehaceres domésticos en condiciones no adecuadas, de los cuales 75.1% estuvo expuesto a situaciones consideradas peligrosas.
La distribución por sexo evidenció diferencias en el tiempo dedicado a estas tareas: 30.9% de las niñas superó las 28 horas semanales, frente a 10.5% de los niños.
La encuesta también mostró que el trabajo infantil se concentra en determinados grupos de edad y condiciones territoriales. Entre los adolescentes de 15 a 17 años, la tasa alcanzó 24.6%, casi tres veces el 8.6% registrado entre la población de cinco a 14 años.
Asimismo, en las localidades menos urbanizadas la incidencia fue de 15.7%, mientras que en las zonas más urbanizadas se ubicó en 8.4%.
La población indígena presenta la mayor incidencia
Por primera vez, la ENTI incorporó información específica sobre niñas, niños y adolescentes hablantes de lenguas indígenas, personas afrodescendientes y menores con discapacidad.
De los 3.5 millones contabilizados en situación de trabajo infantil, 364 mil hablaban alguna lengua indígena, 81 mil eran afrodescendientes y 76 mil tenían discapacidad.
La tasa más elevada correspondió a la población indígena, con 24.9%. El indicador fue de 29.1% entre los niños y de 21.2% entre las niñas. En este grupo, la ocupación no permitida alcanzó 14.2%.
Entre la población afrodescendiente, la tasa de trabajo infantil fue de 15.6%, mientras que entre los menores con discapacidad se situó en 10.9%.
Los datos muestran que la incidencia del fenómeno presenta diferencias importantes según las condiciones sociales, la pertenencia a grupos históricamente vulnerables y las oportunidades disponibles para continuar los estudios.
La inasistencia escolar está vinculada con una mayor incidencia
La asistencia a la escuela constituye otro factor asociado con la prevalencia del trabajo infantil. Según el INEGI, la tasa fue de 9.9% entre quienes asistían a clases, frente a 48.4% entre quienes no lo hacían.
La diferencia también se observa en las ocupaciones no permitidas: entre los menores que acudían a la escuela, la tasa fue de 4.6%, mientras que entre quienes no asistían se elevó a 34%.
La brecha fue particularmente marcada entre los niños. En aquellos que no acudían a clases, la tasa de ocupación no permitida alcanzó 49.1%, frente a 14.4% entre las niñas.
En cuanto a las labores domésticas en condiciones no adecuadas, 80.3% de los 1.9 millones de menores que las realizaron asistía a la escuela, mientras que 19.7% no lo hacía.
Estas cifras evidencian la coexistencia del trabajo infantil con la trayectoria educativa y muestran una mayor incidencia entre quienes se encuentran fuera del sistema escolar, aunque los datos por sí solos no establecen una relación causal.
Guerrero, Oaxaca y Chiapas encabezan las tasas estatales
En la distribución por entidad federativa, el Estado de México concentró la mayor cantidad de menores en situación de trabajo infantil, con 335 mil casos, seguido de Chiapas, con 326 mil, y Veracruz, con 292 mil.
En contraste, las cifras más bajas se registraron en Baja California Sur, con 19 mil; Colima, con 20 mil, y Aguascalientes, con 30 mil.
Al considerar la proporción de la población de cinco a 17 años afectada, Guerrero ocupó el primer lugar nacional, con una tasa de 22.6%, seguido de Oaxaca, con 20.9%, y Chiapas, con 20.3%.
Las menores tasas correspondieron a Sinaloa, con 5.4%; Baja California, con 5.8%, y Coahuila, con 7%.
Los resultados de la ENTI 2025 ponen de relieve la persistencia del trabajo infantil en México y las diferencias regionales y sociales que caracterizan al fenómeno. También subrayan los retos para garantizar que niñas, niños y adolescentes puedan desarrollarse en condiciones seguras, permanecer en la escuela y estar protegidos frente a actividades laborales que comprometan su salud, educación y bienestar.