El consumo de alimentos ultraprocesados, ya vinculado a enfermedades como obesidad, diabetes tipo 2 y padecimientos cardiovasculares, podría también afectar de manera directa la salud ósea, según un nuevo estudio liderado por la Universidad de Tulane, en Estados Unidos, en colaboración con la Universidad Sun Yat-sen, en China.
La investigación, publicada en la revista científica The British Journal of Nutrition, analizó datos de más de 160 mil personas del Biobanco del Reino Unido durante un seguimiento de más de 12 años. Los resultados mostraron que quienes consumen mayores cantidades de alimentos ultraprocesados presentan una menor densidad mineral ósea y un mayor riesgo de fracturas, particularmente de cadera.
De acuerdo con el estudio, los participantes ingerían en promedio ocho raciones diarias de estos productos, equivalentes a combinaciones comunes como comidas congeladas, galletas y refrescos.
Más consumo, mayor riesgo
El investigador Lu Qi, coautor principal del estudio, explicó que el análisis encontró una relación directa entre el consumo de estos alimentos y el deterioro óseo en zonas clave como el fémur superior y la región lumbar.
Uno de los hallazgos más relevantes indica que por cada 3.7 raciones adicionales de alimentos ultraprocesados al día, el riesgo de fractura de cadera aumenta en un 10.5%.
“Esta es la primera vez que se examina esta relación directamente en humanos, lo que refuerza la preocupación sobre los efectos de estos productos en la salud”, señaló el especialista.
Impacto mayor en jóvenes y personas con bajo peso
El estudio también identificó que los efectos negativos son más pronunciados en personas menores de 65 años y en aquellas con bajo índice de masa corporal (IMC inferior a 18.5), quienes ya presentan mayor vulnerabilidad ósea.
Los investigadores sugieren que una mayor capacidad de absorción digestiva en personas más jóvenes podría intensificar el impacto de los ingredientes poco saludables presentes en los alimentos ultraprocesados.
Evidencia creciente y llamado a la prevención
Estos resultados se suman a investigaciones previas que ya habían vinculado el consumo elevado de estos productos con mayor riesgo de osteoporosis y menor densidad ósea en distintas poblaciones.
El especialista Luigi Tozzi, de la organización Safe Food Advocacy Europe, subrayó que la preocupación sobre los alimentos ultraprocesados está respaldada por evidencia científica sólida, por lo que es necesario ajustar las políticas públicas hacia la prevención.
“Debemos fomentar una reducción en su consumo y promover dietas basadas en alimentos frescos e integrales”, indicó.
Los alimentos ultraprocesados suelen contener altos niveles de azúcares, grasas saturadas y sodio, además de ser pobres en fibra, proteínas de calidad y micronutrientes esenciales, lo que contribuye no solo al aumento de peso, sino también al deterioro progresivo de la salud.
Ante este panorama, especialistas coinciden en que mejorar los hábitos alimenticios es clave no solo para prevenir enfermedades crónicas, sino también para proteger la salud ósea a lo largo de la vida.