Los fraudes bancarios se han consolidado como uno de los principales riesgos financieros en México, con un crecimiento sostenido que los ha convertido en parte cotidiana del sistema financiero. Tan solo en los primeros nueve meses de 2025, se registraron más de 3.82 millones de reclamaciones por posibles fraudes ante la Condusef y diversas instituciones bancarias.
La cifra, equivalente a cerca de 14 mil quejas diarias —o casi 10 por minuto—, refleja la magnitud de un fenómeno que ya representa el 72% de las reclamaciones con pérdidas económicas, las cuales superan los 16 mil 678 millones de pesos.
De acuerdo con datos de The Competitive Intelligence Unit, siete de cada diez fraudes se concretan en entornos digitales, principalmente a través de compras en línea, banca móvil y transferencias electrónicas. Este cambio ha desplazado los métodos tradicionales hacia esquemas más sofisticados que aprovechan la conectividad y el uso masivo de dispositivos.
El volumen de reclamaciones también se concentra en ciertas instituciones financieras. Según el Buró de Entidades Financieras, destacan bancos como BanCoppel, Banco Azteca, BBVA, Banamex, Banorte y Santander, aunque las cifras no implican necesariamente responsabilidad directa, sino la escala del problema en temas como suplantación de identidad y filtración de datos.
El modus operandi suele repetirse: llamadas telefónicas que simulan ser del banco, mensajes SMS con alertas urgentes y páginas web clonadas que imitan portales oficiales. En estos casos, los delincuentes apelan a la urgencia o confianza del usuario para obtener información sensible.
El riesgo se incrementa durante periodos vacacionales como Semana Santa. La Condusef ha advertido sobre fraudes relacionados con viajes, hospedaje y paquetes turísticos falsos, que suelen presentarse con precios atractivos o promociones limitadas para presionar decisiones inmediatas.
Este contexto se agrava con el incremento en la movilidad y el consumo. Según estimaciones de la Secretaría de Turismo y la Concanaco Servytur, durante Semana Santa se realizan más de 8.4 millones de viajes en el país, lo que eleva entre 15% y 20% la demanda de servicios y pagos electrónicos.
En paralelo, los llamados fraudes emocionales —una variante del phishing— han ganado terreno. Estos engaños ya no dependen únicamente de vulnerabilidades tecnológicas, sino de la manipulación psicológica mediante mensajes alarmantes o personalizados, como supuestos cargos no reconocidos o bloqueos de cuenta inminentes.
Especialistas advierten que el uso de inteligencia artificial ha elevado el nivel de sofisticación de estos delitos, permitiendo replicar voces, redactar mensajes más creíbles y diseñar sitios web prácticamente indistinguibles de los originales.
Ante este panorama, expertos recomiendan no compartir datos sensibles como contraseñas o NIP, activar mecanismos de verificación en dos pasos y evitar enlaces sospechosos o redes WiFi públicas al realizar operaciones financieras.
En caso de ser víctima, la recomendación es actuar de inmediato: contactar al banco, cambiar contraseñas, revisar movimientos y presentar una denuncia ante la autoridad correspondiente o la Policía Cibernética.
El crecimiento de los fraudes financieros no solo plantea un desafío tecnológico, sino también cultural, en un entorno donde la prevención y la educación digital se vuelven herramientas clave para proteger el patrimonio de millones de mexicanos.