Un grupo de científicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), encabezado por las doctoras Patricia Basurto Lozada y Carla Daniela Robles Espinosa, identificó hallazgos fundamentales sobre el desarrollo del melanoma acral, un subtipo de cáncer de piel que representa el 50% de los melanomas diagnosticados cada año en México.
La investigación, publicada en la revista Nature bajo el título Ancestry and somatic profile indicate acral melanoma origin and prognosis, se realizó en colaboración con el Instituto Nacional de Cancerología (INCAN), el Instituto Nacional de Medicina Genómica, el Instituto Nacional de Cáncer de Brasil, el Instituto Wellcome Sanger de Cambridge y las universidades de Utah y Oxford.
Un subtipo frecuente y más agresivo
El melanoma acral se manifiesta como una mancha irregular y oscura en palmas de las manos, plantas de los pies y debajo de las uñas. A diferencia de otros subtipos asociados a la radiación ultravioleta —como el de diseminación superficial o el lentigo maligno, más comunes en Europa, Estados Unidos y Australia—, el acral no está vinculado directamente con la exposición solar.
Investigaciones del INCAN han documentado que este subtipo suele diagnosticarse en etapas más avanzadas y con mayor profundidad tumoral, lo que deriva en un pronóstico menos favorable para las y los pacientes.
La genética y la ancestría, factores determinantes
El equipo analizó muestras tumorales de 92 personas con diagnóstico de melanoma acral, secuenciando su ADN y comparándolo con tejido sano. Uno de los hallazgos más relevantes fue la relación entre las mutaciones genéticas del tumor y la ancestría de cada paciente.
De acuerdo con Robles Espinosa, coordinadora del Laboratorio Internacional de Investigación sobre el Genoma Humano (LIIGH), la población mexicana presenta una composición genética diversa, predominantemente amerindia y europea, con un componente africano menor.
El estudio reveló que pacientes con mayor proporción de ascendencia europea presentaron con más frecuencia mutaciones en el gen BRAF, mientras que quienes tenían mayor carga amerindia u otras ancestrías mostraron mutaciones en genes distintos, como KIT.
El gen BRAF es ampliamente estudiado en distintos tipos de cáncer y cuenta con terapias dirigidas específicas. Sin embargo, cuando el tumor no presenta esa mutación, dichos tratamientos resultan ineficaces. “Las y los mexicanos con melanoma acral avanzado parecen expresar menor frecuencia de BRAF y menor respuesta a inmunoterapia en comparación con estudios anglosajones”, explicó Héctor Martínez Saíd, subdirector de cirugía del INCAN.
Dos posibles orígenes celulares
Otro descubrimiento relevante apunta a que el melanoma acral podría originarse en dos tipos distintos de melanocitos: los cutáneos, presentes en la mayor parte de la piel, y los volares, ubicados en palmas y plantas.
Los tumores con mutación en BRAF mostraron un perfil similar al de los melanocitos cutáneos, mientras que aquellos con alteraciones en KIT se asemejaron más a los volares, lo que sugiere distintos orígenes celulares del cáncer.
Las investigadoras subrayaron que los diferentes tipos celulares pueden responder de manera distinta a los fármacos, lo que abre la posibilidad de desarrollar terapias más específicas para la población mexicana.
Un parteaguas en la investigación oncológica nacional
Para los especialistas, este trabajo marca un punto de inflexión en la comprensión del melanoma acral en México, al evidenciar que los perfiles genéticos y la ancestría influyen en el comportamiento del tumor y en la respuesta a los tratamientos.
“Conocer la expresión genética de este cáncer es crucial para diseñar estrategias terapéuticas más efectivas”, coincidieron las autoras.
El hallazgo no solo aporta conocimiento científico de alto impacto internacional, sino que también sienta las bases para avanzar hacia una medicina personalizada que atienda las particularidades genéticas de la población mexicana.