3 de April de 2026

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Consumo de alcohol en mujeres se dispara en México y enciende alerta de salud pública

El consumo de alcohol entre mujeres en México ha dejado de ser una excepción para convertirse en una práctica equiparable a la de los hombres, un fenómeno que especialistas consideran ya como un problema de salud pública por sus múltiples implicaciones sociales, físicas y psicológicas.

De acuerdo con la Central Mexicana de Alcohólicos Anónimos, hace 25 años la proporción era de una mujer por cada cuatro hombres que consumían alcohol. Hoy, la cifra se ha igualado prácticamente uno a uno, con un 49 por ciento de mujeres adultas jóvenes que reportan consumo.

Este crecimiento, que durante años permaneció oculto por el estigma social, se ha acelerado particularmente entre adolescentes y jóvenes. La experimentación inicia desde edades tempranas, entre los 12 y 19 años, mientras que los problemas de dependencia suelen manifestarse entre los 20 y 59 años.

Uno de los principales desafíos para atender este fenómeno es su carácter silencioso. Muchas mujeres consumen alcohol en privado, principalmente en sus hogares, lo que dificulta la detección oportuna. A ello se suma el peso del estigma social, que retrasa la búsqueda de ayuda.

Especialistas señalan que, a diferencia de los hombres, las mujeres suelen enfrentar el problema en soledad, ya que el consumo femenino aún es objeto de rechazo social e incluso ocultamiento dentro del núcleo familiar.

El aumento del consumo también está vinculado a factores culturales y sociales, como la sobrecarga de responsabilidades, el estrés laboral, la desigualdad en el hogar y una creciente normalización del alcohol como símbolo de libertad o empoderamiento, una idea que, advierten, ha sido distorsionada.

En términos de salud, las consecuencias pueden ser más severas para las mujeres. Debido a diferencias biológicas, el alcohol se metaboliza más lentamente, lo que provoca efectos más rápidos y dañinos en el organismo.

Uno de los escenarios más críticos ocurre durante el embarazo. El consumo de alcohol puede derivar en síndrome fetal alcohólico, malformaciones, desnutrición y daño neurológico irreversible en el feto, además de afectar la capacidad de cuidado materno.

El problema también tiene implicaciones en seguridad. Bajo los efectos del alcohol, las mujeres enfrentan mayor vulnerabilidad ante situaciones de violencia, abuso sexual o incluso secuestro, debido a la disminución del control de impulsos.

Además, el alcohol es un depresor del sistema nervioso central que se asocia con trastornos como la depresión, así como con alteraciones en el entorno escolar, laboral y familiar.

Datos de la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (Encodat) 2025 revelan que el alcohol está presente en el 33 por ciento de las muertes violentas —incluidos suicidios, homicidios y accidentes— y en hasta el 52 por ciento de los casos cuando se consideran también otras sustancias.

La problemática incluso ha comenzado a observarse en menores de 12 años en algunas entidades, lo que refleja una expansión temprana del consumo.

En el país, alrededor del 74 por ciento de la población ha ingerido alcohol alguna vez, mientras que 1.8 por ciento —más de 1.5 millones de personas— presenta criterios de dependencia. Sin embargo, menos del 10 por ciento de quienes enfrentan consumo problemático ha recibido tratamiento.

Especialistas advierten que este rezago en la atención evidencia la urgencia de fortalecer las políticas públicas, ampliar el acceso a servicios de salud y reducir el estigma social que impide a muchas mujeres reconocer y atender el problema.

En un contexto donde el consumo sigue en aumento, el desafío no solo radica en contener sus efectos, sino en transformar las condiciones sociales y culturales que lo han normalizado.

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