8 de April de 2026

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Consumo moderado de café y té se asocia con menor riesgo de demencia, revela estudio en JAMA

El consumo moderado y sostenido de café con cafeína y de podría desempeñar un papel relevante en la preservación de la función cognitiva y en la reducción del riesgo de demencia a largo plazo, de acuerdo con un amplio estudio de cohorte prospectivo realizado en Estados Unidos y publicado recientemente en JAMA, una de las revistas médicas de mayor prestigio a nivel internacional.

La investigación fue desarrollada por científicos del Hospital General de Massachusetts, la Escuela de Salud Pública T. H. Chan de la Universidad de Harvard y el Instituto Broad del MIT y Harvard. El análisis incluyó datos de 131 mil 821 personas seguidas durante varias décadas, lo que permitió evaluar con mayor precisión los efectos del consumo prolongado de estas bebidas sobre la salud cerebral.

Los participantes pertenecían a dos de las cohortes más extensas y longevas del mundo: el Nurses’ Health Study, iniciado en 1976 y enfocado en personal de enfermería, y el Health Professionals Follow-up Study, que comenzó en 1986 e incluye a profesionales de la salud varones. Ambos estudios han sido fundamentales para comprender la relación entre hábitos de vida y enfermedades crónicas.

De acuerdo con los resultados, beber entre dos y tres tazas diarias de café con cafeína o entre una y dos tazas de té se asoció con un menor riesgo de desarrollar demencia, un deterioro cognitivo más lento y una mejor conservación de funciones mentales como la memoria y la atención, en comparación con un consumo bajo o inexistente.

Durante el periodo de seguimiento —que en algunos casos alcanzó hasta 43 años— se diagnosticaron 11 mil 033 casos de demencia. Los investigadores observaron que quienes presentaban un mayor consumo de café con cafeína tenían hasta un 18 por ciento menos riesgo de desarrollar la enfermedad.

“El café es una bebida extremadamente común en todo el mundo y queríamos analizar si podía convertirse en una herramienta dietética prometedora para la prevención de la demencia”, explicó Daniel Wang, autor principal del estudio. El investigador destacó que la recopilación sistemática de datos durante décadas fortaleció la solidez metodológica del análisis.

Uno de los hallazgos clave fue que el café descafeinado no mostró beneficios comparables, lo que apunta a la cafeína como un componente central en los efectos observados. El té, que también contiene cafeína y otros compuestos bioactivos, presentó asociaciones similares con un menor deterioro cognitivo.

Desde el punto de vista biológico, la cafeína actúa como antagonista de los receptores de adenosina en el cerebro, un mecanismo vinculado con la reducción de la neuroinflamación y la mejora de la plasticidad sináptica. Además, tanto el café como el té contienen polifenoles con propiedades antioxidantes y antiinflamatorias que podrían proteger a las neuronas del estrés oxidativo asociado al envejecimiento.

Los beneficios fueron más evidentes en niveles de consumo considerados moderados. Aunque una ingesta ligeramente superior no se asoció con efectos adversos claros, los autores subrayan que estos resultados no implican recomendar un aumento indiscriminado del consumo de cafeína. Asimismo, los efectos positivos se mantuvieron independientemente de la predisposición genética a la demencia.

No obstante, los investigadores advierten que se trata de un estudio observacional, por lo que no puede establecerse una relación causal directa. Factores como la actividad física, la calidad de la dieta o el nivel socioeconómico podrían influir parcialmente en los resultados, pese a los ajustes estadísticos realizados.

Los hallazgos cobran relevancia en un contexto de creciente preocupación mundial por la demencia. La Organización Mundial de la Salud estima que más de 55 millones de personas viven actualmente con esta condición y que cada año se registran cerca de 10 millones de nuevos casos.

Ante la limitada eficacia de los tratamientos una vez que aparecen los síntomas, la comunidad científica ha puesto mayor énfasis en la prevención. En ese marco, los autores concluyen que el consumo moderado de café y té podría integrarse como un elemento complementario dentro de un enfoque preventivo más amplio, basado en hábitos saludables y sostenidos que favorezcan la salud cerebral a lo largo del envejecimiento.

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