Durante los trabajos de salvamento arqueológico por la construcción del tren de pasajeros México-Querétaro, especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia descubrieron un momoztli o altar prehispánico que podría aportar información clave sobre la organización urbana y ritual de la antigua capital tolteca, Tula.
El vestigio, que data probablemente del periodo Tollan (900-1150 d.C.), fue localizado a unos 300 metros de la zona protegida de monumentos arqueológicos, en el municipio de Tula de Allende, Hidalgo, dentro del denominado Sitio 17 del Frente 5 del proyecto ferroviario.
De acuerdo con el coordinador del salvamento arqueológico, Víctor Francisco Heredia Guillén, el altar mide aproximadamente un metro por lado y presenta una estructura de al menos tres cuerpos sin escalinatas. Su base está conformada por piedra careada, posiblemente andesita, con capas superiores de lajas y remates de basalto y cantos rodados.
El hallazgo se produjo tras la ampliación de un pozo de sondeo inicial, donde los arqueólogos identificaron un apisonado que condujo al descubrimiento de las esquinas del altar. Según el arqueólogo de campo Emmanuel Hernández Zapata, este tipo de estructuras sugiere una función ceremonial relevante dentro del asentamiento.
Uno de los elementos más significativos del descubrimiento es la presencia de ofrendas asociadas al altar. En tres de sus lados se localizaron restos óseos humanos, incluyendo cuatro cráneos y huesos largos, posiblemente fémures. Los especialistas no descartan que el cuarto lado también contenga restos similares.
Los análisis preliminares indican que los restos podrían corresponder a prácticas rituales, posiblemente vinculadas a sacrificios. Incluso, uno de los cráneos conserva indicios de estar aún unido a la columna vertebral, lo que abre la posibilidad de que haya sido resultado de una decapitación, práctica común en el Posclásico mesoamericano mediante el uso de cuchillos de obsidiana o pedernal.
Además de los restos humanos, se recuperaron piezas cerámicas —como cajetes anidados—, fragmentos de obsidiana, navajillas y herramientas de uso cotidiano, lo que permite contextualizar la vida ritual y doméstica en la zona.
Los arqueólogos también identificaron restos de muros cercanos al altar, lo que sugiere que la estructura se ubicaba en el centro de un patio, posiblemente dentro de un complejo habitacional de élite o de alto rango social. Este tipo de disposición coincide con el conocimiento previo sobre la distribución social en Tula, donde las clases altas y medias habitaban en áreas periféricas del núcleo ceremonial.
Actualmente, los materiales recuperados serán trasladados a distintos laboratorios especializados para su análisis detallado, incluyendo estudios de antropología física que permitirán determinar edad, sexo, patologías y posibles causas de muerte de los individuos.
El descubrimiento, registrado en semanas recientes, también incluyó materiales líticos, malacológicos y objetos como malacates y punzones de hueso, los cuales serán fundamentales para reconstruir aspectos de la vida cotidiana y las prácticas productivas de la antigua metrópoli tolteca.
Finalmente, el equipo de investigación trabaja en la digitalización de planos y registros obtenidos mediante drones, con el objetivo de generar un mapa detallado del sitio y evaluar estrategias para la conservación del altar, considerado un hallazgo de alto valor histórico y cultural.