El desperdicio de alimentos en México se ha convertido en un problema ambiental de gran escala, no solo por la pérdida de productos, sino por el enorme volumen de agua y recursos que se desaprovechan en el proceso. De acuerdo con estimaciones basadas en la huella hídrica de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, el país pierde cada año alrededor de 40 billones de litros de agua debido a la comida que termina en la basura.
Esta cifra se relaciona directamente con las 20.4 millones de toneladas de alimentos desperdiciados anualmente, lo que representa el 34% de la producción nacional. El volumen de agua perdido equivale a llenar aproximadamente 16 millones de albercas olímpicas, reflejando la magnitud de una problemática que va más allá del consumo alimentario.
Según Braulio Valenzuela, representante en México de la plataforma Cheaf, esta situación debe analizarse desde la perspectiva de la huella hídrica, que contempla todos los recursos utilizados desde la producción agrícola hasta la distribución de los alimentos.
“El desperdicio no es solo comida que no se vende, es agua, energía y recursos que ya se utilizaron sin generar valor”, explicó. Añadió que los 40 billones de litros de agua desperdiciados podrían cubrir el consumo anual de entre 40 y 50 millones de personas en el país, si se gestionara de manera eficiente la merma alimentaria.
El problema, advierten especialistas, no es únicamente económico o ético, sino también climático. De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, el desperdicio de alimentos es responsable de entre el 8% y el 10% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, lo que lo posiciona como un factor relevante en la crisis climática.
Además, regiones con alta presión hídrica como el norte del país, el Bajío y el Valle de México enfrentan un escenario particularmente crítico, donde la pérdida de alimentos incrementa la presión sobre recursos ya limitados.
Gran parte del desperdicio ocurre en las etapas finales de la cadena de valor, especialmente en supermercados y servicios de alimentos, donde la necesidad de mantener inventarios abundantes y la falta de métricas para gestionar excedentes provocan que la merma sea vista como una consecuencia inevitable.
Ante este panorama, especialistas señalan que una reducción del 10% en el desperdicio permitiría recuperar hasta cuatro billones de litros de agua al año, lo que abre una ventana de oportunidad para implementar estrategias de gestión más eficientes.
El desafío, concluyen, radica en transformar la forma en que empresas, consumidores y autoridades abordan el desperdicio alimentario, pasando de una práctica normalizada a una prioridad en la agenda ambiental y de sostenibilidad del país.