23 de March de 2026

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Ejercicio físico, clave para prevenir demencia y cuidar el cerebro desde la infancia

El cuidado de la salud cerebral no comienza en la vejez, sino desde las primeras etapas de la vida. Factores como la educación, la actividad física y el control del peso influyen de manera decisiva en el riesgo de desarrollar enfermedades neurodegenerativas, entre ellas la enfermedad de Alzheimer.

Así lo advierte el neurólogo David Pérez Martínez, quien señala que, aunque el origen de las demencias aún no se comprende completamente, cada vez existe mayor evidencia de que su desarrollo puede iniciar entre 20 y 30 años antes de la aparición de los primeros síntomas.

“El desconocimiento de las causas ha limitado el desarrollo de tratamientos efectivos”, explica el especialista, al comparar la situación con las enfermedades infecciosas antes del descubrimiento de los patógenos. No obstante, subraya que en los últimos años se ha producido un cambio de paradigma en el diagnóstico, gracias a biomarcadores moleculares detectables en sangre que alcanzan niveles de precisión superiores al 95 por ciento.

Además, en países como Estados Unidos ya se han aprobado terapias dirigidas a la proteína amiloide, relacionada con la progresión de la enfermedad, lo que marca el inicio de una nueva etapa en el tratamiento del deterioro cognitivo.

Pese a estos avances, los expertos coinciden en que la prevención sigue siendo la herramienta más eficaz. De acuerdo con la evidencia científica, hasta el 40 por ciento de los casos de demencia podrían prevenirse o retrasarse mediante estrategias adoptadas a lo largo de la vida.

Entre estas medidas destacan la estimulación cognitiva, una dieta equilibrada, el control de factores de riesgo como la obesidad y, especialmente, el ejercicio físico, considerado el elemento más determinante para proteger la función cerebral.

El especialista enfatiza que no es necesario realizar actividades extenuantes: integrar el movimiento en la vida cotidiana —como caminar, subir escaleras o realizar tareas domésticas— ya genera beneficios. Incluso, señala que aunque organismos como la Organización Mundial de la Salud recomiendan hasta 10 mil pasos diarios, desde los 3 mil ya se observan efectos positivos.

El impacto del ejercicio en el cerebro es amplio. Favorece la neurogénesis —la creación de nuevas neuronas— especialmente en el hipocampo, área relacionada con la memoria y el aprendizaje. También estimula la formación de vasos sanguíneos, mejora la oxigenación cerebral, fortalece la plasticidad neuronal y reduce procesos inflamatorios asociados con enfermedades neurológicas.

Estudios como el proyecto FINGER han demostrado que la combinación de actividad física, dieta saludable, entrenamiento cognitivo y control de factores de riesgo vascular puede mantener o mejorar la función cognitiva en personas mayores con riesgo de demencia.

Asimismo, el ejercicio actúa como un escudo frente a padecimientos como la hipertensión, la diabetes y la obesidad, todos ellos vinculados con el deterioro cognitivo.

En contraste, hábitos como el consumo de tabaco, alcohol y alimentos ultraprocesados incrementan el riesgo de desarrollar estas enfermedades. Por ello, los especialistas recomiendan adoptar dietas de tipo mediterráneo, ricas en aceite de oliva, legumbres, frutos secos y pescado.

“La prevención debe comenzar desde siempre”, insiste el neurólogo, al destacar que incluso en edades avanzadas o en personas con diagnóstico de deterioro cognitivo, mantener hábitos saludables puede mejorar el pronóstico y la calidad de vida.

En un contexto de envejecimiento poblacional, el mensaje es claro: cuidar el cerebro no depende únicamente de tratamientos médicos, sino de decisiones cotidianas que, a largo plazo, pueden marcar la diferencia entre la salud y la enfermedad.

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