30 de March de 2026

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El boom del delivery en México dispara también la contaminación por residuos y emisiones

Pedir comida a domicilio se ha convertido en un hábito cotidiano para millones de mexicanos. Sin embargo, detrás de la comodidad de recibir tacos, sushi o pizza en la puerta del hogar, se esconde un problema ambiental que crece al mismo ritmo: la generación de residuos y el aumento de emisiones contaminantes.

De acuerdo con un reporte citado por La Jornada, México se posiciona como el segundo país de América Latina en consumo de delivery. Tan solo en 2024, el gasto en estos servicios alcanzó los 45 mil 110 millones de pesos, reflejo de una adopción masiva que también se confirma con datos de la industria: ocho de cada 10 personas han pedido comida a domicilio al menos una vez en el último año, según información de Alsea.

A nivel global, la tendencia es similar. El informe 2025 de Deliverect estima que el mercado mundial del delivery crecerá de 156.75 mil millones de dólares en 2024 a 173.57 mil millones en 2025, con más de 2.1 mil millones de usuarios en todo el mundo.

No obstante, este crecimiento trae consigo una acumulación silenciosa de desechos. En México, durante 2025 se generaron alrededor de 300 mil toneladas de residuos plásticos, de los cuales apenas el 10% puede reciclarse. Una parte importante proviene de envases de un solo uso utilizados en pedidos a domicilio: bolsas, recipientes, tapas y cubiertos desechables.

Entre estos materiales, el unicel destaca como uno de los más problemáticos. No es biodegradable ni compostable y puede tardar hasta mil años en degradarse. Además, su disposición inadecuada provoca que termine en cuerpos de agua, mientras que su quema libera gases de efecto invernadero. A nivel sanitario, también representa un riesgo, ya que contiene estireno, una sustancia potencialmente cancerígena cuando se expone al calor.

El impacto del delivery no se limita a los residuos. Cada pedido implica una cadena logística que incrementa el tráfico urbano y las emisiones de dióxido de carbono. Motocicletas y automóviles recorren largas distancias para entregas individuales, lo que contribuye a la contaminación del aire en las ciudades.

Estudios sobre logística urbana advierten que la consolidación de entregas —es decir, agrupar varios pedidos en un solo trayecto— podría reducir las emisiones de CO2 hasta en un 34% y el consumo de combustible en un 28%. Incluso, concentrar pedidos en puntos de recogida permitiría disminuir las emisiones hasta en un 80%, aunque esto implicaría sacrificar la comodidad que caracteriza al servicio.

Pese a los impactos ambientales, todo indica que el modelo continuará en expansión. El delivery se ha integrado al estilo de vida contemporáneo, especialmente entre Millennials y la Generación Z, quienes priorizan la rapidez y la facilidad tecnológica. En respuesta, los restaurantes han transformado sus operaciones con cocinas fantasma, menús optimizados y sistemas diseñados exclusivamente para el reparto.

Ante este panorama, especialistas coinciden en que eliminar el uso del delivery no es una solución viable, pero sí lo es modificar hábitos de consumo. Optar por restaurantes con empaques biodegradables, rechazar utensilios innecesarios y reducir la frecuencia de pedidos son algunas de las acciones que podrían mitigar el impacto ambiental de una industria que, por ahora, no deja de crecer.

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