En México, el taco no solo es un símbolo gastronómico, sino una constante en la vida cotidiana. De acuerdo con una encuesta de Research Land, cuatro de cada 10 personas lo consideran su alimento preferido, una elección que responde principalmente a su disponibilidad, más que a factores como el precio o el valor nutricional.
El estudio, realizado con motivo del Día Mundial del Taco, revela que este platillo ha logrado posicionarse como una solución práctica y accesible en la dieta diaria. Su presencia es prácticamente universal: desde puestos callejeros hasta establecimientos formales, lo que facilita su consumo en cualquier momento del día.
Datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) respaldan esta tendencia, al reportar la existencia de más de 139 mil taquerías en el país. Esta amplia red de negocios, tanto formales como informales, permite que el taco esté al alcance de millones de personas en todos los niveles socioeconómicos.
En términos económicos, el impacto también es significativo. El gasto en fondas, taquerías y establecimientos similares representa alrededor del 26% del total destinado por los hogares a alimentos fuera del hogar, mientras que esta industria genera más de 200 mil millones de pesos anuales.
En cuanto a las preferencias, el taco al pastor se mantiene como el favorito a nivel nacional, seguido por los de carnitas, barbacoa, canasta y suadero. Aunque predominan las opciones tradicionales de taquería, también existe una creciente diversidad que incluye versiones caseras, de guisado, al asador e incluso alternativas gourmet o vegetarianas.
La forma de consumirlos también refleja una identidad compartida. La mitad de los encuestados coincide en que los tacos deben servirse “con todo”, es decir, con limón, cebolla y cilantro. Además, el 41% prefiere acompañarlos con cebollitas de cambray asadas, mientras que otros optan por nopales o ingredientes frescos como rábanos y pápalo.
Las salsas juegan un papel fundamental: el 44% de los consumidores combina salsa roja y verde, mientras que una proporción menor se inclina por una sola opción.
Más allá del alimento, el taco también es una experiencia social. Cuatro de cada 10 mexicanos prefieren consumirlos en reuniones con familiares o amigos, lo que refuerza su papel como elemento de convivencia. En este contexto, las taquerías de barrio se mantienen como el espacio predilecto, seguidas por los puestos callejeros y el consumo en casa.
Factores como la confianza en el lugar, la calidad de la comida y la relación con el taquero —quien incluso puede anticipar el pedido del cliente— son elementos clave que generan fidelidad entre los consumidores.
Así, el taco no solo se mantiene vigente, sino que continúa evolucionando sin perder su esencia: un alimento accesible, versátil y profundamente arraigado en la cultura mexicana.