La percepción del sabor no depende únicamente de lo que contiene una bebida, sino también de lo que el cerebro espera encontrar en ella. Una investigación realizada por equipos de la Universidad de Oxford, la Universidad de Cambridge y la Universidad de Radboud reveló que las expectativas pueden modificar el nivel de disfrute que experimentan las personas al consumir bebidas con azúcar o con edulcorantes artificiales.
El estudio, publicado en la revista científica The Journal of Neuroscience (Jneurosci), analizó el comportamiento de 99 adultos sanos con una edad promedio de 24 años. Los participantes fueron seleccionados por tener percepciones similares respecto al sabor del azúcar y de los edulcorantes artificiales.
Durante los experimentos, los investigadores manipularon la información que recibían los voluntarios sobre el contenido de las bebidas. Aunque la mayoría afirmó gustarles los edulcorantes tanto como el azúcar, los resultados mostraron que la expectativa previa podía cambiar significativamente el nivel de satisfacción.
Cuando los participantes creían —de manera errónea— que estaban consumiendo una bebida con edulcorantes artificiales, reportaban menor disfrute incluso si en realidad contenía azúcar. En contraste, cuando pensaban que la bebida tenía azúcar, el placer percibido aumentaba, incluso si se trataba de una bebida endulzada artificialmente.
Los investigadores también observaron cambios en la actividad cerebral. En particular, se registró mayor activación en el mesencéfalo dopaminérgico, una región asociada con los circuitos de recompensa del cerebro.
“Esto podría significar que esta área del cerebro procesa un aumento de nutrientes o calorías de los sabores dulces”, explicó Margaret Westwater, investigadora de la Universidad de Oxford y una de las autoras del estudio, al señalar que los hallazgos coinciden con investigaciones previas realizadas en modelos animales sobre la búsqueda de azúcar.
El trabajo destaca la relevancia de las expectativas en la forma en que el cerebro procesa lo dulce, tanto a nivel conductual como neuronal. Según los especialistas, estos hallazgos podrían tener implicaciones en estrategias para mejorar hábitos alimentarios.
Westwater señaló que la forma en que se comunican las características de los alimentos puede influir en su aceptación. Por ejemplo, describir productos como “ricos en nutrientes” o “con mínimo azúcar añadido” podría generar expectativas más positivas que etiquetarlos únicamente como “dietéticos” o “bajos en calorías”.
De acuerdo con los investigadores, comprender el papel de la expectativa podría ayudar a diseñar intervenciones dietéticas más efectivas y facilitar que las personas alineen sus elecciones alimentarias con las preferencias naturales del cerebro, promoviendo al mismo tiempo cambios de comportamiento más saludables.