En la era digital, muchos padres enfrentan un nuevo dilema: ¿deberían compartir fotos de sus hijos en las redes sociales? La frase clave de enfoque corta aquí es «peligros de los ultrafalsos». La preocupación crece ante la proliferación de aplicaciones que generan desnudos falsos con inteligencia artificial (IA), conocidas como «nudificadoras». Estas herramientas permiten a cualquier persona, con acceso a una foto, crear imágenes comprometedoras sin el consentimiento de la víctima.
La amenaza de los ultrafalsos ha llevado a muchos padres a reconsiderar el llamado «sharenting«, es decir, compartir imágenes de sus hijos en internet. Aunque siempre ha existido el debate sobre los riesgos y beneficios de publicar fotos, la llegada de esta tecnología ha intensificado el temor. La posibilidad de que alguien use estas aplicaciones para manipular imágenes de niños resulta alarmante.
Estas aplicaciones no solo son fáciles de acceder, sino que también son económicas, lo que las hace atractivas para usuarios jóvenes, incluidos estudiantes. Las víctimas de ultrafalsos experimentan un trauma similar al de aquellos expuestos en fotos reales, y aunque hay leyes que penalizan la distribución de estos contenidos, no prohíben la existencia de las aplicaciones mismas.
Para proteger a sus hijos, algunos padres optan por no compartir fotos en redes sociales, mientras que otros prefieren utilizar cuentas privadas. Sin embargo, esta no es una solución infalible, ya que incluso personas cercanas pueden malintencionadamente usar las imágenes.
El aumento en el robo de identidad de menores y la sobreexposición en redes sociales también preocupan a los padres, quienes se enfrentan a decidir entre la conveniencia de compartir momentos familiares y la seguridad de sus hijos. En este contexto, muchos eligen métodos más seguros, como enviar fotos encriptadas por mensaje o usar servicios privados de almacenamiento de fotos.