3 de March de 2026

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Quejarse sin parar puede mantener al cerebro en “modo amenaza”, advierten estudios

En conversaciones cotidianas y redes sociales, la queja se ha normalizado como una forma habitual de interacción. Sin embargo, más allá del desahogo social, la ciencia ha comenzado a explorar qué ocurre en el cerebro cuando la negatividad se convierte en un patrón repetitivo.

Especialistas distinguen entre expresar una molestia de manera puntual —lo que puede ayudar a procesar emociones y liberar tensión— y caer en la rumiación, un proceso psicológico en el que la persona repite pensamientos negativos de forma constante, sin llegar a soluciones ni experimentar alivio.

Un estudio publicado en Frontiers in Psychology señala que la rumiación puede actuar como un puente entre el estrés percibido y síntomas emocionales como ansiedad y depresión. Es decir, no solo influye lo que ocurre en la vida diaria, sino cuánto tiempo la mente permanece enfocada en el problema.

El cerebro en “modo amenaza”

Cuando los pensamientos negativos se repiten de manera persistente, el cerebro activa sistemas asociados a la respuesta de alerta. Desde el punto de vista biológico, el estrés pone en marcha el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal (HPA), encargado de regular la liberación de cortisol, conocida como la hormona del estrés.

El cortisol no es perjudicial en sí mismo; permite reaccionar ante situaciones desafiantes. No obstante, investigaciones publicadas en Psychoneuroendocrinology indican que la rumiación puede prolongar o intensificar la respuesta de cortisol frente a eventos estresantes, lo que sugiere que la repetición mental del problema puede tener un impacto fisiológico adicional.

Durante estos estados también se activan áreas cerebrales vinculadas con la memoria y el pensamiento autorreferencial, como el hipocampo y el precuneus, regiones asociadas con la llamada Red de Modo Predeterminado, que se enciende cuando la mente divaga o se centra repetidamente en uno mismo.

Estrés sostenido y memoria

El hipocampo desempeña un papel clave en la memoria y el aprendizaje, así como en la interpretación de experiencias emocionales. Estudios recientes han mostrado que el estrés sostenido puede influir en su funcionamiento. Sin embargo, la evidencia científica matiza que el cortisol no siempre resulta dañino.

Una investigación publicada en Journal of Neuroscience encontró que, en determinados contextos, el cortisol puede incluso mejorar la codificación de memorias emocionales. El problema surge cuando la activación del sistema de estrés se vuelve crónica y pierde su capacidad de regulación.

En este sentido, la Organización Mundial de la Salud advierte que el estrés prolongado puede afectar tanto la salud mental como la física, contribuyendo a trastornos emocionales y alteraciones del sueño.

Los especialistas subrayan que la queja constante no “destruye” el cerebro, pero sí puede mantenerlo en un estado de alerta persistente que afecta la concentración, la memoria y la toma de decisiones.

Un círculo difícil de romper

Cuando la queja se convierte en hábito sin acciones concretas, puede reforzar un patrón mental negativo. Ese patrón incrementa el estrés, y el estrés, a su vez, amplifica la percepción adversa de las situaciones, generando un círculo vicioso.

Una revisión difundida en Frontiers in Endocrinology explica que la desregulación prolongada del eje HPA puede asociarse con dificultades cognitivas y estados emocionales adversos.

Cómo romper el patrón

Los expertos coinciden en que el primer paso es reconocer cuándo la mente está atrapada en la repetición constante de una misma queja. Técnicas de atención plena o mindfulness pueden ayudar a observar los pensamientos sin quedar enganchados en ellos.

También recomiendan transformar la queja en una pregunta orientada a la acción: “¿Qué puedo hacer al respecto?”. Priorizar el descanso, mantener redes de apoyo y buscar perspectivas distintas son estrategias que contribuyen a reducir la rumiación.

La evidencia científica apunta a que la queja ocasional forma parte del procesamiento emocional normal. No obstante, cuando se transforma en un patrón repetitivo, puede prolongar la activación del sistema de estrés y mantener elevados los niveles de cortisol, con efectos funcionales en la memoria y la regulación emocional. Reconocer estos mecanismos permite comprender mejor la estrecha relación entre mente, emociones y salud cerebral.

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