La compañía de un perro no solo aporta afecto, sino que también puede convertirse en un factor clave para prevenir enfermedades cardiovasculares y reducir el riesgo de infarto, de acuerdo con especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Los expertos señalaron que el apego y las rutinas que se generan con un animal de compañía —como paseos, juegos y entrenamiento— favorecen hábitos saludables que impactan positivamente en la salud física y emocional.
A través de un comunicado, la UNAM destacó que diversos estudios han demostrado que tener un perro mejora indicadores relacionados con el bienestar integral. Entre ellos, se encuentran una mayor actividad física, menor respuesta al estrés y beneficios cognitivos, particularmente relevantes en la población adulta mayor.
La evidencia científica respalda estas observaciones. En 2019, la Asociación Americana del Corazón publicó un análisis basado en una revisión sistemática y un metaanálisis de investigaciones realizadas entre 1950 y 2019, que incluyó datos de más de 3.8 millones de personas. El estudio reveló que los dueños de perros presentaron una reducción del 24 por ciento en el riesgo de muerte por cualquier causa, así como una disminución del 31 por ciento en la mortalidad por enfermedades cardiovasculares, además de un mejor perfil lipídico y menor respuesta al estrés.
Francisco Javier Carbajal Merchant, médico veterinario zootecnista de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Cuautitlán, explicó que el impacto positivo de los perros se debe en parte a su naturaleza social. “Tienen un estrato social muy parecido al del humano; expresan sentimientos, comprenden jerarquías y generan vínculos profundos”, señaló.
El especialista subrayó que cuidar de un perro implica establecer rutinas diarias que incrementan la movilidad y ayudan a combatir el sedentarismo, uno de los principales factores de riesgo cardiovascular. En adultos mayores, esta dinámica puede funcionar como un apoyo terapéutico, ya que la convivencia con un can favorece la regulación de hormonas como la dopamina, serotonina y oxitocina, asociadas al bienestar y el afecto, al tiempo que reduce el cortisol, relacionado con el estrés.
Además del beneficio físico y emocional, los perros también estimulan la memoria y las funciones cognitivas. Actividades como alimentarlos, bañarlos o llevarlos al veterinario obligan a mantener horarios y recordar tareas, lo que fortalece procesos mentales clave en la tercera edad.
Un ejemplo de estos beneficios es el de María de la Luz Aminta, maestra jubilada de 60 años, quien tras enviudar encontró en sus perros Ipsuli y Boss una motivación para mantenerse activa. Desde hace seis años participa en cursos de Etología Aplicada al Adiestramiento Canino en la FES Cuautitlán y practica agility, una disciplina que exige coordinación, memoria y condición física. De acuerdo con su testimonio, esta actividad le permitió fortalecer su sistema inmune y demostrar que la edad no es un límite para mantenerse activa.
Carbajal Merchant indicó que cada vez más adultos mayores adoptan perros o se hacen cargo de ellos cuando los hijos se independizan, generando vínculos responsables y sólidos. No obstante, recomendó consultar previamente a un veterinario para elegir un animal acorde con el estilo de vida y nivel de energía del tutor, destacando que los perros mestizos suelen adaptarse con mayor facilidad.
En México, siete de cada diez hogares cuentan con al menos un animal de compañía, y cerca del 40 por ciento de ellos son perros, según la Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado (ENBIARE) 2021. Más allá de una tendencia cultural, los especialistas coincidieron en que esta convivencia puede tener implicaciones directas en la prevención de enfermedades cardiovasculares, la reducción del riesgo de infarto y la mejora del bienestar en la población adulta mayor, siempre que la adopción sea una decisión consciente y comprometida.