Los proyectos ferroviarios se consolidan como uno de los principales destinos del gasto público federal en 2026, al concentrar recursos tanto del sector civil como de las Fuerzas Armadas. De acuerdo con los calendarios presupuestales autorizados, las secretarías de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT), Marina (Semar) y de la Defensa Nacional (Sedena) destinan una parte sustancial de sus recursos a la construcción, operación y expansión de trenes considerados estratégicos por el Gobierno federal.
En el caso de la SICT, el presupuesto autorizado asciende a 153 mil 539.2 millones de pesos, de los cuales una proporción mayoritaria se dirige a proyectos ferroviarios y a la red carretera. Destaca que más del 60 por ciento del gasto del ramo se canaliza a organismos desconcentrados, particularmente a la Agencia Reguladora del Transporte Ferroviario, que ejercerá 92 mil 524.6 millones de pesos durante el año.
Entre los proyectos prioritarios figura la ampliación del tren de pasajeros en la zona metropolitana de Monterrey, dentro del corredor Saltillo–Nuevo Laredo. El titular de la Agencia Reguladora del Transporte Ferroviario, Andrés Lajous, informó que el proyecto avanza en una fase clave con obras simultáneas, liberación de derechos de vía, ingeniería de detalle y estudios para una segunda etapa que contempla extensiones hacia Guadalajara, San Luis Potosí, Mazatlán y Los Mochis.
El segundo gran polo de gasto en la SICT es la infraestructura carretera. La Dirección General de Carreteras contará con 24 mil 575.1 millones de pesos y la Dirección General de Conservación de Carreteras con 27 mil 755.3 millones, lo que en conjunto supera los 52 mil 300 millones, cerca de una tercera parte del presupuesto del ramo. En contraste, áreas como aviación civil, navegación aérea, transporte y telecomunicaciones operan con montos considerablemente menores.
En la Secretaría de Marina, el presupuesto autorizado para 2026 asciende a 65 mil 926.8 millones de pesos, de los cuales casi cuatro de cada diez se destinan al Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec y a empresas ferroviarias y portuarias asociadas. Tan solo Ferrocarril del Istmo de Tehuantepec, S.A. de C.V., recibirá 23 mil 051.6 millones de pesos, equivalentes al 35 por ciento del gasto total de la dependencia. Sumados otros entes vinculados al proyecto, el bloque interoceánico supera los 25 mil 251 millones de pesos.
Otro tercio del presupuesto naval se dirige al despliegue territorial de fuerzas y Policía Naval, mientras que áreas como derechos humanos, investigación tecnológica y protección civil reciben menos del uno por ciento de los recursos, de acuerdo con el propio calendario de gasto.
Por su parte, la Sedena ejercerá en 2026 un presupuesto de 170.7 mil millones de pesos, cerca de 10 por ciento más que en 2025. El mayor monto individual corresponde al Tren Maya, S.A. de C.V., con 30 mil 744 millones de pesos. Le siguen la Guardia Nacional, ya incorporada plenamente al ámbito de Defensa, con 23 mil 492 millones, y el Cuerpo de Policía Militar, con casi 20 mil millones. Además, la dependencia administra empresas paraestatales como el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, el Grupo Aeroportuario Olmeca-Maya-Mexica y la Aerolínea del Estado Mexicano, lo que refleja una creciente participación militar en infraestructura y transporte.
En medio de esta expansión presupuestal, especialistas han lanzado alertas sobre los riesgos de impulsar megaproyectos ferroviarios sin estudios técnicos, ambientales y sociales suficientes. Tras el reciente descarrilamiento del Ferrocarril del Istmo de Tehuantepec en Oaxaca, Miguel Ángel García, fundador del Centro de Estudios para el Cambio en el Campo Mexicano (Ceccam), advirtió que los costos de errores de planeación recaen finalmente en la ciudadanía.
“Estos proyectos no los paga el Gobierno, los pagamos los mexicanos con recursos públicos, subsidios permanentes y ahora también con vidas”, señaló. García sostuvo que el corredor interoceánico arrastra fallas desde su concepción en los años noventa y fue retomado sin corregir problemas estructurales, particularmente en una región de topografía compleja como el Istmo.
El especialista cuestionó además la calidad de los materiales, el uso de durmientes de madera en lugar de concreto y la incorporación tardía de trenes de pasajeros mediante la compra y rehabilitación de unidades obsoletas. A su juicio, es indispensable realizar peritajes independientes que revisen vías, trenes y condiciones de operación, para evitar que los riesgos se repitan.
Así, mientras el presupuesto de 2026 confirma que los trenes son el eje central de la inversión pública y militar en infraestructura, el debate sobre su viabilidad técnica, su impacto social y el costo real para el país se intensifica en paralelo al avance de los megaproyectos.