10 de February de 2026

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La ciencia explica por qué el picante “engancha” a los mexicanos

El gusto de los mexicanos por la comida picante es uno de los rasgos culturales más reconocidos de la gastronomía nacional, incluso a nivel internacional, donde se advierte con frecuencia sobre la “precaución” necesaria al probar platillos mexicanos. Sin embargo, este amor por el chile no solo tiene raíces culturales, sino también una explicación científica.

De acuerdo con investigaciones publicadas en la revista Analytical Biochemistry, el consumo de picante activa procesos biológicos que ayudan a entender por qué, pese a la sensación inicial de ardor o dolor, muchas personas buscan repetir la experiencia. La clave está en la capsaicina, el compuesto activo del chile, que estimula los receptores TRPV1 en la lengua y la mucosa oral, los mismos que reaccionan ante el calor extremo o el daño físico.

Esta estimulación envía señales de dolor y calor al cerebro, el cual responde liberando endorfinas y dopamina, sustancias asociadas con el placer, el alivio y el bienestar. Como resultado, el organismo transforma una sensación potencialmente desagradable en una experiencia gratificante, lo que favorece la repetición del consumo.

Los especialistas señalan que este proceso puede generar un hábito: la liberación de endorfinas produce una sensación placentera inmediata, mientras que la dopamina refuerza el circuito de recompensa del cerebro. Con el tiempo, el sistema nervioso se adapta y aumenta la tolerancia, lo que lleva a algunas personas a buscar chiles cada vez más picantes para obtener el mismo efecto.

No obstante, los expertos aclaran que no se trata de una adicción en el sentido médico estricto, ya que el consumo de picante no provoca dependencia física ni síntomas de abstinencia. Más bien, se trata de una búsqueda de sensaciones intensas y de placer inmediato.

La percepción de que los mexicanos son “adictos” al picante responde también a factores culturales y sociales. México cuenta con una larga tradición en el uso del chile, presente en la dieta cotidiana desde la infancia. Esta exposición temprana facilita la adaptación biológica y fortalece la preferencia por sabores intensos.

Además, el chile es un elemento central de la identidad gastronómica nacional, ligado a celebraciones, reuniones familiares y costumbres transmitidas de generación en generación. En muchos contextos sociales, comer picante también se asocia con orgullo regional, fortaleza o sentido de pertenencia.

Así, aunque el término “adicción” no sea científicamente preciso, la pasión mexicana por el picante es el resultado de una combinación de costumbre, adaptación biológica y satisfacción sensorial, una mezcla que convierte al chile en mucho más que un simple ingrediente: en un símbolo cultural y una experiencia placentera para millones de personas.

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