4 de March de 2026

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Labio hendido y cardiopatías, entre los defectos congénitos más frecuentes en México

Los defectos congénitos continúan representando un desafío relevante para la salud pública en México. Estas condiciones, que se originan durante el desarrollo embrionario, no solo afectan el crecimiento físico de los recién nacidos, sino que también pueden impactar su calidad de vida y la dinámica familiar desde el primer día.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre 3% y 6% de los recién nacidos en el mundo presentan alguna anomalía congénita, y estas se encuentran entre las principales causas de muerte en el periodo neonatal. En México, la Secretaría de Salud ha documentado su alta prevalencia a través de sistemas de vigilancia epidemiológica.

Los defectos congénitos —también llamados anomalías congénitas— pueden ser estructurales, como malformaciones visibles en el labio o el corazón, o funcionales, como alteraciones metabólicas y genéticas. Muchas de estas condiciones se desarrollan en las primeras semanas del embarazo, incluso antes de que la mujer confirme la gestación.

Entre los más notificados en el país destaca el labio y/o paladar hendido, condición que ocurre cuando los tejidos que forman el labio superior o el paladar no se fusionan completamente entre las semanas 7 y 12 del embarazo. Además de su impacto estético, puede generar dificultades para alimentarse, hablar y respirar, por lo que requiere tratamiento multidisciplinario que incluye cirugía y terapia de lenguaje. En 2022, esta anomalía fue una de las más reportadas a nivel nacional.

Las cardiopatías congénitas también figuran entre las más frecuentes. Se trata de defectos estructurales del corazón presentes desde el nacimiento, que pueden afectar válvulas, paredes o grandes vasos sanguíneos. Algunas son leves, pero otras demandan intervenciones quirúrgicas tempranas y seguimiento especializado.

Otro grupo relevante son los defectos del tubo neural, como la espina bífida, el mielomeningocele y la anencefalia. Estas alteraciones ocurren cuando la estructura que dará origen al cerebro y la médula espinal no se cierra completamente en las primeras semanas del embarazo. El mielomeningocele es una forma grave de espina bífida en la que parte de la médula espinal queda expuesta, mientras que la anencefalia implica la ausencia parcial del cerebro y suele ser incompatible con la vida.

El Sistema de Vigilancia Epidemiológica de Defectos al Nacimiento (SVEDAN) ha registrado de forma constante estos padecimientos en el país, junto con otras anomalías como microcefalia, macrocefalia, microtia y síndrome de Down.

Si bien no todos los defectos congénitos pueden prevenirse, especialistas subrayan que algunas medidas reducen el riesgo. La OMS recomienda la suplementación con ácido fólico antes del embarazo y durante las primeras semanas de gestación para disminuir la probabilidad de defectos del tubo neural. Asimismo, la atención prenatal temprana permite detectar anomalías mediante ultrasonido y otras pruebas diagnósticas, facilitando la planificación del tratamiento oportuno.

Autoridades sanitarias coinciden en que fortalecer la prevención, la detección temprana y la atención integral es clave para reducir la carga que estas condiciones representan para miles de familias mexicanas.

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