El pintor, escultor, arquitecto e ilustrador Pedro Friedeberg, considerado uno de los últimos exponentes del surrealismo en México, falleció este jueves a los 90 años en su casa de San Miguel de Allende, según confirmó su familia. El artista murió “con mucho amor y paz”, acompañado de sus seres queridos.
Nacido el 11 de enero de 1936 en Italia, Friedeberg llegó a México cuando tenía tres años, después de que su familia emigrara para escapar de la Segunda Guerra Mundial. Con el tiempo se convertiría en una de las figuras más singulares del arte mexicano contemporáneo, con una obra marcada por la imaginación, la geometría y el simbolismo.
El artista estudió arquitectura en la Universidad Iberoamericana, donde conoció al escultor Mathias Goeritz, quien lo invitó a integrarse al grupo artístico conocido como “Los Hartos”. En ese círculo también participaron figuras como José Luis Cuevas, Ida Rodríguez Prampolini, Jesús Reyes Ferreira y Alice Rahon.
A partir de esa etapa, Friedeberg decidió abandonar la carrera de arquitectura para dedicarse por completo al arte. Durante sus primeros años también estuvo influido por el grupo de surrealistas radicados en México, entre ellos Remedios Varo, Leonora Carrington, Bridget Bate Tichenor, Alan Glass y los fotógrafos Kati Horna y José Horna.
Su primera exposición individual se realizó en 1959 en la Galería Diana, gracias al respaldo de Remedios Varo, quien impulsó su trabajo en los inicios de su carrera.
Entre sus obras más reconocidas se encuentra la célebre “Mano-silla”, creada en 1962 bajo el nombre original de “Mano de Akhenatón”. La pieza, un mueble en forma de mano humana donde la palma funciona como asiento y los dedos como respaldo, se convirtió en un ícono del diseño artístico y le dio proyección internacional.
A lo largo de su trayectoria, Friedeberg combinó pintura, dibujo y escultura con diseño de mobiliario, gráfico y textil. Sus obras —que incluyen sillas, mesas y relojes con formas fantásticas— reflejan una estética marcada por estructuras geométricas complejas y referencias simbólicas.
En 2014 presentó la exposición “Manos por México” en el Museo Franz Mayer, donde retomó uno de los motivos recurrentes de su obra: la representación de manos como elemento escultórico y conceptual.
Además de su producción artística, fundó junto con Xavier Girón la Galería La Chinche en la Zona Rosa de la Ciudad de México, un espacio que durante la década de 1970 se convirtió en un punto de encuentro para artistas, intelectuales y galeristas.
En ese periodo también se relacionó con personajes influyentes del mundo del arte como Edward James, Antonio Souza y las hermanas Ana Elena Pecanins y Isabel Pecanins, quienes impulsaron exposiciones y proyectos vinculados a su obra.
En sus últimos años, el artista continuó trabajando en proyectos de gran escala. En agosto de 2024 inauguró la obra monumental “Sinfonía de la Vida: Geometrías del Universo”, plasmada en las cúpulas del complejo arquitectónico del Museo de Historia Natural y Cultural Ambiental del Bosque de Chapultepec.
Con su muerte, el arte mexicano pierde a uno de sus creadores más singulares, cuya obra —marcada por la imaginación surrealista y la arquitectura fantástica— dejó una huella duradera en la historia cultural del país.