Alrededor de 60 mil personas viven en México con enfermedad inflamatoria intestinal (EII), un padecimiento crónico cuya detección suele retrasarse debido a que sus síntomas pueden confundirse con infecciones gastrointestinales o trastornos digestivos comunes, alertaron especialistas en el marco del Día Mundial de la Enfermedad Inflamatoria Intestinal, conmemorado cada 19 de mayo.
De acuerdo con datos de la Secretaría de Salud, los principales signos de alarma incluyen diarrea crónica, sangrado rectal, dolor abdominal recurrente y pérdida de peso sin causa aparente, síntomas que con frecuencia son minimizados o tratados mediante automedicación.
La EII engloba principalmente a la colitis ulcerosa crónica idiopática y a la enfermedad de Crohn, dos trastornos que provocan inflamación persistente en distintas partes del aparato digestivo y que requieren atención médica especializada para evitar complicaciones severas.
Aunque México carece de un registro nacional actualizado sobre el número exacto de pacientes diagnosticados, un estudio publicado en la Revista de Gastroenterología de México en 2019 reveló que casi ocho de cada diez casos atendidos correspondían a colitis ulcerosa, mientras que poco más de dos de cada diez eran enfermedad de Crohn.
La Secretaría de Salud indicó en 2024 que los grupos más afectados son adultos jóvenes y personas de entre 60 y 70 años. Además, advirtió que el retraso en el diagnóstico puede deteriorar significativamente la calidad de vida de quienes padecen esta condición.
Especialistas explicaron que la enfermedad no puede confirmarse mediante una sola prueba, ya que el diagnóstico requiere integrar antecedentes clínicos, exploración física, estudios de laboratorio, análisis de heces, endoscopias, colonoscopias, biopsias y estudios de imagen.
Una revisión científica publicada en 2024 en Diagnostics señaló que el abordaje diagnóstico debe ser multidisciplinario debido a la complejidad y variabilidad de la enfermedad.
“La detección temprana de la Enfermedad Inflamatoria Intestinal es determinante para los y las pacientes. No sólo reduce el riesgo de cirugías, hospitalizaciones y complicaciones irreversibles, también le devuelve al paciente la posibilidad de llevar una vida plena antes de que el daño intestinal avance”, afirmó Cristian Barajas, líder del Área Terapéutica de Gastroenterología en Takeda México.
La colitis ulcerosa afecta principalmente el colon y el recto, y cuando la inflamación persiste durante años puede elevar el riesgo de cáncer colorrectal. En tanto, la enfermedad de Crohn puede presentarse en cualquier parte del tubo digestivo, desde la boca hasta el ano, aunque suele localizarse con mayor frecuencia en el intestino delgado.
Entre las principales complicaciones asociadas a Crohn destacan anemia, desnutrición, obstrucciones intestinales, fístulas, úlceras y la eventual necesidad de cirugía.
A nivel internacional, la carga de la enfermedad inflamatoria intestinal también ha mostrado un crecimiento sostenido. Un análisis basado en datos del estudio Global Burden of Disease reportó que, aunque algunos indicadores ajustados por edad han disminuido, el número absoluto de casos aumentó entre 1990 y 2021 en países pertenecientes al Grupo de los Veinte.
Además del impacto físico, especialistas advirtieron que la EII puede afectar severamente la salud emocional, la vida laboral y las relaciones sociales debido a la incertidumbre de los brotes, el dolor constante, la fatiga y la urgencia frecuente de acudir al baño.
Ante cualquier síntoma persistente, la recomendación médica es acudir con profesionales de la salud y evitar la automedicación, ya que un tratamiento oportuno puede disminuir complicaciones y mejorar el control de una enfermedad crónica que requiere seguimiento permanente.