La alpinista mexicana Laura González del Castillo Aranda escribió una nueva página en la historia del montañismo nacional al conquistar por tercera ocasión la cima del Monte Everest, la montaña más alta del planeta con una elevación oficial de 8 mil 849 metros sobre el nivel del mar.
La expedición tuvo un significado profundamente personal para la deportista leonesa, quien alcanzó la cumbre la mañana del 20 de mayo de 2026, tiempo de Nepal, llevando consigo las cenizas de Yuri Contreras, su pareja de vida y destacado alpinista mexicano fallecido hace poco más de un año.
A través de un breve mensaje enviado a su hija Andrea, Laura confirmó el logro desde la montaña más emblemática del mundo: “Cumbre 7 de la mañana, voy bajando”. Con esas palabras anunció el éxito de una travesía que representó no solo un desafío físico extremo, sino también el cumplimiento de una promesa.
Bajo el lema “Con Yuri a la Cumbre”, la montañista logró depositar las cenizas de Contreras en el Everest, montaña que ambos consideraban especial y que ahora se convierte en el sitio de descanso simbólico del experimentado escalador. El ascenso también respondió al sueño que compartían de regresar al techo del mundo tres décadas después de la primera conquista de Yuri.
La jornada hacia la cima estuvo marcada por condiciones particularmente complicadas debido a la gran cantidad de expedicionarios presentes en la ruta. Horas antes del ataque final a la cumbre, Laura relató a su hija las dificultades enfrentadas por la congestión de alpinistas.
“Hoy es el día que más gente ha habido”, expresó. “Fueron horas de estar parada en la misma posición, inclinada, sin poder moverme ni dar un paso, atrapada en la multitud”.
Tras una larga espera y luego de descansar algunas horas, la guanajuatense emprendió el tramo final que la llevó nuevamente a la cima del Everest, culminando con éxito una expedición cargada de simbolismo, resistencia y determinación.
Con esta hazaña, Laura González del Castillo reafirma su lugar entre las figuras más destacadas del alpinismo mexicano. Su primera conquista del Everest ocurrió en mayo de 2009 por la ruta sur, ubicada en Nepal. Un año después, en mayo de 2010, alcanzó nuevamente la cima por la ruta norte, en territorio del Tíbet.
Dieciséis años después de aquella segunda ascensión, la montañista regresó al punto más alto de la Tierra para cumplir una promesa personal y colocar, una vez más, el nombre de León y de México en la cima del mundo.