A pocos días del arranque de la Copa Mundial de Futbol 2026, el ajolote se ha consolidado como uno de los principales símbolos de bienvenida para los miles de visitantes que llegan a la Ciudad de México. Su imagen aparece en murales, estaciones de transporte público, espacios turísticos y esculturas alusivas al torneo, convirtiéndose en una especie de mascota no oficial de la capital mexicana.
Sin embargo, detrás de la creciente popularidad de este emblemático anfibio existe una realidad preocupante: científicos y ambientalistas alertan que el ajolote, considerado una especie en peligro crítico de extinción, enfrenta una situación cada vez más delicada en su hábitat natural.
Nombrado a partir de una palabra náhuatl que significa “monstruo de agua”, el ajolote mexicano es una de las especies más representativas de la biodiversidad del Valle de México. Su capacidad de regenerar extremidades y tejidos ha despertado el interés de la comunidad científica internacional, mientras que su peculiar apariencia lo ha convertido en un ícono cultural y turístico.
No obstante, el uso masivo de su imagen durante los preparativos del Mundial ha generado críticas entre sectores académicos y ciudadanos, quienes consideran que la promoción del anfibio como emblema turístico contrasta con la falta de acciones contundentes para proteger los ecosistemas donde aún sobrevive.
La principal preocupación se concentra en los canales de Xochimilco, uno de los últimos refugios naturales de la especie. Datos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) muestran una caída dramática en la población de ajolotes: de aproximadamente 6 mil ejemplares por kilómetro cuadrado registrados en 1998, la cifra descendió a apenas 36 por kilómetro cuadrado en 2014.
El panorama es aún más alarmante tras el inicio de un nuevo censo en 2024. Investigadores encargados del monitoreo informaron que, después de dos años de trabajo de campo, no han logrado observar directamente ningún ejemplar en los canales estudiados. Sin embargo, análisis genéticos realizados en muestras de agua han permitido confirmar que algunos individuos continúan habitando la zona.
Especialistas atribuyen la crisis a diversos factores, entre ellos la contaminación del agua, la expansión urbana, la transformación de chinampas tradicionales en espacios recreativos y el crecimiento del turismo masivo en áreas ecológicamente sensibles.
Luis Zambrano, director del Laboratorio de Restauración Ecológica de la UNAM, advirtió que el incremento de visitantes asociado al Mundial podría aumentar la presión sobre ecosistemas vulnerables como Xochimilco. Según explicó, la acumulación de residuos, el tránsito constante de embarcaciones y la modificación del entorno natural representan amenazas adicionales para una especie particularmente sensible a la calidad del agua.
Mientras tanto, comerciantes y promotores turísticos esperan que la visibilidad internacional del ajolote contribuya a generar conciencia sobre su conservación. Ernesto Velázquez, vendedor de artículos temáticos en el Bosque de Chapultepec, considera que el torneo puede convertirse en una oportunidad para que visitantes nacionales y extranjeros conozcan la importancia ecológica de esta especie única en el mundo.
La contradicción entre la creciente fama del ajolote y el deterioro de su entorno natural ha alimentado un intenso debate público. En redes sociales incluso surgieron campañas y memes que cuestionan la denominada “ajolotlización” de la ciudad, señalando que la presencia de la imagen del anfibio en espacios públicos no necesariamente se traduce en acciones efectivas para garantizar su supervivencia.
Mientras millones de aficionados llegan a México para disfrutar de la fiesta futbolística, científicos y ambientalistas insisten en que el verdadero desafío será evitar que el animal que hoy protagoniza la imagen del Mundial desaparezca de los canales que históricamente han sido su hogar.