La habilidad para escribir, lanzar una pelota o manipular herramientas con mayor destreza utilizando una mano podría ser resultado de años de práctica y no de una ventaja innata del cerebro, según concluye una nueva investigación que desafía una de las teorías más aceptadas sobre la dominancia manual.
El estudio, publicado el pasado 30 de junio en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), sostiene que la mano dominante —ya sea la derecha en personas diestras o la izquierda en personas zurdas— desarrolla su superioridad a través de la experiencia acumulada y no porque un hemisferio cerebral tenga una capacidad motora superior desde el nacimiento.
El investigador principal, Ahmet Arac, profesor asistente de Neurología en la Facultad de Medicina David Geffen de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), explicó que la ventaja del brazo dominante no proviene de un control cerebral privilegiado, sino de la repetición constante de movimientos complejos relacionados con actividades como la escritura o el uso de herramientas.
Durante décadas, la comunidad científica ha sostenido que un hemisferio cerebral dominante otorgaba una ventaja natural para controlar los movimientos del lado opuesto del cuerpo. Esta hipótesis se apoyaba en investigaciones que mostraban que la preferencia por una extremidad comienza incluso antes del nacimiento, durante el desarrollo fetal.
Sin embargo, el nuevo trabajo puso a prueba esa teoría mediante una serie de experimentos diseñados para comparar el desempeño de las extremidades dominantes y no dominantes en distintas tareas.
Los investigadores utilizaron sistemas de captura de movimiento en tres dimensiones para analizar cómo adultos sanos realizaban movimientos de alcance bajo diferentes condiciones: de manera normal, utilizando un peso adicional en la muñeca y manipulando un dispositivo que simulaba el uso de una herramienta.
Los resultados mostraron que, tanto en los movimientos normales como con peso adicional, el rendimiento entre ambos brazos era prácticamente igual. La diferencia apareció únicamente cuando la tarea exigía un mayor nivel de precisión y coordinación, como ocurre al utilizar herramientas, donde el brazo dominante obtuvo un desempeño significativamente superior.
En una segunda prueba, los participantes escribieron letras y números primero con cada mano y posteriormente utilizando un bolígrafo sujeto al codo. En este último caso, la ventaja de la mano dominante desapareció por completo, ya que ambos codos mostraron un rendimiento igualmente deficiente.
Tras un periodo de práctica, ambos codos mejoraron de manera similar, lo que refuerza la hipótesis de que el aprendizaje y la repetición son los factores determinantes para desarrollar habilidades motoras especializadas.
Los autores consideran que estos hallazgos podrían transformar la comprensión sobre cómo el cerebro adquiere destrezas motoras y abrir nuevas estrategias de rehabilitación para personas que han sufrido un accidente cerebrovascular (ictus) o lesiones cerebrales, al demostrar que la práctica sistemática puede desempeñar un papel clave en la recuperación de funciones motoras complejas.
La investigación también aporta una nueva perspectiva sobre la plasticidad cerebral, al evidenciar que el desarrollo de habilidades no depende exclusivamente de una predisposición biológica, sino de la capacidad del cerebro para adaptarse y perfeccionar movimientos mediante el entrenamiento continuo.