El hábito de pasar largos periodos viendo videos de corta duración en redes sociales como TikTok, Instagram Reels o YouTube Shorts puede tener consecuencias importantes en el desarrollo cerebral de los adolescentes, advirtieron especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
De acuerdo con un análisis publicado por la Gaceta UNAM, el consumo continuo de este tipo de contenidos mantiene al cerebro en un estado de estimulación constante, lo que dificulta la concentración, limita la capacidad de aprendizaje y favorece el agotamiento mental.
Los expertos explican que durante la adolescencia el cerebro aún está en proceso de maduración, particularmente las regiones encargadas del autocontrol, la planificación y la toma de decisiones. En contraste, los sistemas relacionados con la recompensa y la aceptación social presentan una mayor sensibilidad, por lo que estímulos como los «me gusta», comentarios y reproducciones generan respuestas inmediatas de satisfacción que incentivan el uso repetitivo de las plataformas digitales.
Esta condición biológica hace que los adolescentes sean más propensos a permanecer conectados durante largos periodos y a tener mayores dificultades para interrumpir el consumo de contenido.
El análisis también advierte sobre los efectos del denominado scroll infinito, una dinámica que puede derivar en fatiga cognitiva, un estado de desgaste mental que afecta funciones esenciales del cerebro como la atención sostenida, la consolidación de la memoria, el aprendizaje, la regulación emocional y el procesamiento eficiente de la información.
Como consecuencia, actividades que requieren concentración, como estudiar, leer o resolver problemas complejos, pueden resultar cada vez más complicadas para quienes mantienen una exposición prolongada a este tipo de estímulos digitales.
La investigación retoma además estudios dirigidos por la psicóloga Gloria Mark, los cuales muestran una reducción significativa en los periodos de atención. Mientras que en 2003 una persona permanecía concentrada durante un promedio de 150 segundos en una misma actividad digital antes de cambiar de tarea, actualmente ese tiempo se redujo a apenas 47 segundos, reflejando una creciente fragmentación de la atención.
Los especialistas de la UNAM señalan que el impacto del uso excesivo de videos cortos no se limita al desempeño académico. También puede contribuir al aumento de la ansiedad y el estrés, favorecer problemas de autoestima, impulsar la comparación constante con otras personas y debilitar las relaciones sociales, especialmente cuando las redes sociales se convierten en un mecanismo para evadir emociones o situaciones difíciles.
Ante este panorama, la máxima casa de estudios recomienda adoptar hábitos de uso responsable de la tecnología. Entre las principales medidas destacan establecer un propósito antes de utilizar el teléfono celular, limitar el tiempo de permanencia en las aplicaciones, mantener los dispositivos fuera del alcance durante las sesiones de estudio, crear espacios libres de pantallas tanto en el hogar como en las escuelas y realizar pausas conscientes o ejercicios de respiración para reducir el impulso de continuar consumiendo contenido.
Los especialistas subrayan que las redes sociales no representan un riesgo por sí mismas, sino que el problema radica en el consumo excesivo y sin pausas. Un uso equilibrado de estas plataformas, acompañado de actividades recreativas, deportivas y de convivencia fuera del entorno digital, puede contribuir a proteger el desarrollo cognitivo y emocional de los adolescentes, fortalecer su capacidad de atención y favorecer un aprendizaje más efectivo.