El acelerado desarrollo de la inteligencia artificial (IA) está generando un nuevo desafío para la economía de Estados Unidos. La creciente inversión en infraestructura tecnológica, especialmente en centros de datos, comienza a reflejarse en mayores costos para consumidores y empresas, alimentando presiones inflacionarias que mantienen bajo alerta a la Reserva Federal (Fed).
Economistas estiman que las inversiones destinadas a fortalecer la capacidad de procesamiento para aplicaciones de IA superarán los 700 mil millones de dólares durante 2026, impulsando una demanda sin precedentes de semiconductores, memoria, procesadores y energía eléctrica.
Si bien los especialistas descartan un episodio inflacionario de la magnitud registrada entre 2021 y 2023 —cuando la inflación alcanzó un máximo de 9.1%—, consideran que este nuevo ciclo de inversión podría impedir que los precios regresen al objetivo del 2% fijado por la Fed, abriendo la puerta a nuevos incrementos en las tasas de interés durante los próximos meses.
Las autoridades monetarias seguirán de cerca los próximos reportes de inflación para evaluar cuánto del aumento en los precios responde al auge de la inteligencia artificial y cuánto obedece a otros factores, como la evolución de los mercados energéticos y las tensiones geopolíticas.
Chips y dispositivos, entre los principales afectados
El impacto ya comienza a sentirse en el mercado tecnológico. Solo cuatro gigantes del sector —Alphabet, Amazon, Meta y Microsoft— prevén destinar alrededor de 720 mil millones de dólares este año a la expansión de centros de datos, infraestructura indispensable para el desarrollo de modelos de inteligencia artificial.
La elevada demanda ha reducido la disponibilidad de semiconductores y disparado el precio de algunos componentes. De acuerdo con estimaciones de J.P. Morgan, ciertos chips de memoria podrían cerrar el año con incrementos de hasta 400% respecto a 2024.
Como consecuencia, fabricantes de tecnología ya trasladan parte de esos costos al consumidor. Apple anunció aumentos de entre 15% y 25% en algunos modelos de MacBook e iPad, mientras que Microsoft incrementará en 100 dólares el precio de las consolas Xbox a partir de agosto. Empresas como Sony, Dell y HP también han elevado los precios de consolas y computadoras portátiles.
Analistas consideran que el siguiente ajuste podría alcanzar a los teléfonos inteligentes, particularmente los modelos de iPhone.
Electricidad, otro frente de presión
La expansión de la inteligencia artificial también incrementa la demanda de electricidad. Los centros de datos requieren enormes cantidades de energía para operar de manera continua, obligando a las compañías eléctricas a ampliar su infraestructura mediante inversiones que terminan reflejándose en las tarifas para hogares e industrias.
Según datos del Índice de Precios al Consumidor de Estados Unidos, el costo de la electricidad aumentó 5.9% anual en mayo, por encima de la inflación general registrada en ese periodo.
Las proyecciones de Goldman Sachs indican que las tarifas eléctricas podrían seguir aumentando alrededor de 6% anual durante 2026 y 2027, antes de moderar su ritmo de crecimiento.
La Reserva Federal mantiene la cautela
Aunque diversos funcionarios de la Reserva Federal consideran que la inteligencia artificial elevará la productividad y contribuirá a reducir la inflación en el largo plazo, reconocen que, en el corto plazo, la fuerte demanda de infraestructura tecnológica está generando un efecto contrario.
John Williams, presidente del Banco de la Reserva Federal de Nueva York y vicepresidente del comité encargado de definir la política monetaria, advirtió que si la demanda derivada de la IA continúa superando la capacidad de oferta, el banco central podría verse obligado a actuar.
«Si esto crea un impulso sostenido de la demanda en relación con la oferta y eso se traduce en inflación, es el tipo de situación que no podremos ignorar», señaló.
Especialistas coinciden en que la actual presión inflacionaria podría ser temporal, pero advierten que se suma a otros factores recientes, como los efectos de los aranceles comerciales y las tensiones internacionales sobre los mercados energéticos.
Por ello, la evolución de la inteligencia artificial ya no solo representa un desafío tecnológico, sino también uno de los principales temas que definirán el rumbo de la política monetaria y el comportamiento de los precios en la mayor economía del mundo durante los próximos años.