Una técnica que utiliza temperaturas de hasta -80 °C para destruir células cancerosas comienza a abrir nuevas posibilidades para pacientes con determinados tumores que pueden ser difíciles de tratar mediante cirugía convencional. Se trata de la crioablación guiada por resonancia magnética, un procedimiento mínimamente invasivo que permite atacar el tejido tumoral sin recurrir a grandes incisiones.
El procedimiento ha despertado el interés de especialistas en oncología debido a su capacidad para tratar lesiones con precisión y reducir el daño en los tejidos sanos que rodean al tumor. Aunque ya se utiliza en algunos centros médicos especializados de países como Estados Unidos y Australia, todavía no es una alternativa disponible de manera general para todos los pacientes con cáncer.
La crioablación consiste en introducir unas agujas especiales, conocidas como criosondas, directamente en el tumor. A través de ellas se liberan gases que provocan un descenso extremo de la temperatura y generan una zona de congelación controlada.
Cuando las células tumorales son expuestas a temperaturas suficientemente bajas, pueden sufrir daños irreversibles que provocan su destrucción. Durante el procedimiento, la resonancia magnética permite a los médicos observar en tiempo real tanto el tumor como la denominada “bola de hielo” que se forma alrededor de la zona tratada.
Esta visualización ayuda a controlar con precisión el área congelada y a reducir el riesgo de afectar estructuras sanas cercanas.
Una opción para tumores específicos
La crioablación no está indicada para todos los tipos de cáncer. Actualmente puede considerarse en pacientes seleccionados con tumores renales pequeños en etapas iniciales, cáncer de próstata, determinadas lesiones hepáticas, tumores pulmonares periféricos y algunas metástasis óseas o de tejidos blandos, particularmente cuando estas últimas provocan dolor.
La técnica también puede representar una alternativa para pacientes que, debido a su edad, enfermedades adicionales o la ubicación del tumor, presentan un riesgo elevado ante una cirugía convencional.
Sin embargo, los especialistas destacan que la crioablación no sustituye a la cirugía, la radioterapia ni a los tratamientos sistémicos, sino que puede incorporarse como una herramienta complementaria dentro de una estrategia oncológica individualizada.
Menor invasión y recuperación más rápida
Una de las principales ventajas del procedimiento es su carácter mínimamente invasivo. A diferencia de una operación tradicional, generalmente no requiere grandes incisiones y puede reducir el tiempo de hospitalización.
En determinados casos, los pacientes pueden regresar a casa el mismo día del procedimiento y recuperar sus actividades habituales en un periodo relativamente corto.
Entre sus posibles beneficios se encuentran una mayor precisión, menor afectación de tejidos sanos, recuperación más rápida y una alternativa terapéutica para personas que no pueden someterse a una cirugía convencional.
Persisten riesgos y limitaciones
A pesar de sus ventajas, la crioablación también implica riesgos. Entre las posibles complicaciones se encuentran sangrado, infección, dolor temporal y lesiones accidentales en estructuras cercanas. El nivel de riesgo depende de factores como la ubicación y tamaño del tumor, además de la experiencia del equipo médico.
Otro desafío es el acceso limitado a esta tecnología, debido al costo de los equipos y a la necesidad de personal especializado. Por ello, su disponibilidad continúa concentrándose principalmente en centros médicos de referencia.
Los especialistas consideran que el uso de la crioablación podría aumentar conforme se acumule mayor evidencia clínica y se amplíe el acceso a la tecnología. Por ahora, representa una herramienta de la oncología de precisión que ofrece una alternativa menos invasiva para determinados pacientes, pero cuya aplicación debe evaluarse de manera individual por equipos médicos especializados.