La promesa de que una mayor preparación académica abre mejores oportunidades laborales no se cumple plenamente en México. De acuerdo con el informe “Panorama de la Educación 2025” de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el país, junto con Colombia, presenta una situación atípica: entre los jóvenes de 25 a 34 años, la tasa de desempleo es mayor entre quienes alcanzaron un nivel educativo superior.
Mientras en la mayoría de los países miembros de la OCDE la educación funciona como un factor que incrementa las posibilidades de acceder a un empleo, en México ocurre lo contrario. El organismo reporta que 2.7 por ciento de los jóvenes que no concluyeron la secundaria se encuentran desempleados, frente a 4.3 por ciento de quienes alcanzaron estudios de licenciatura.
La tendencia contrasta con el comportamiento observado en el conjunto de las naciones analizadas. En promedio, solo 4.9 por ciento de los jóvenes de 25 a 34 años con educación terciaria está desempleado, mientras que la proporción alcanza 12.9 por ciento entre quienes únicamente concluyeron la secundaria.
El informe advierte que alcanzar una mayor preparación académica normalmente se traduce en mejores ingresos, mayor estabilidad laboral y otros beneficios sociales. Sin embargo, México enfrenta dificultades para convertir el crecimiento de su población con estudios universitarios en oportunidades laborales acordes con esa preparación.
“La educación terciaria de alta calidad dota a los estudiantes de las competencias necesarias para aprovechar las oportunidades que ofrece el mercado laboral en constante evolución”, señaló Mathias Cormann, secretario general de la OCDE, al destacar la importancia de la formación profesional ante fenómenos como el envejecimiento poblacional, la inteligencia artificial, la digitalización y la transición hacia una economía verde.
Crece la educación superior, pero no las oportunidades al mismo ritmo
El documento de la OCDE destaca que el mundo atraviesa un máximo histórico en materia educativa: 48 por ciento de los adultos jóvenes de los países analizados ha alcanzado algún nivel de educación terciaria, equivalente a los estudios universitarios en México. En el año 2000, esta proporción era de apenas 27 por ciento.
La expansión educativa también ha permitido una mayor movilidad social, aunque persisten importantes desigualdades. Entre los jóvenes cuyos padres no tuvieron acceso a la educación básica, 26 de cada 100 consiguen alcanzar una licenciatura.
México, sin embargo, mantiene obstáculos importantes para romper con los niveles educativos de una generación a otra. Un estudio del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY), citado en la información, señaló que en 2025 21 por ciento de los jóvenes no logró superar el nivel educativo de sus padres. Además, únicamente nueve de cada 100 jóvenes cuyos padres no tuvieron educación formal alcanzaron la universidad.
La paradoja se vuelve todavía más evidente al analizar los ingresos. Aunque los jóvenes con licenciatura enfrentan una mayor tasa de desempleo, quienes logran incorporarse al mercado laboral pueden obtener hasta 56 por ciento más ingresos que aquellos que no terminaron la secundaria.
Esta diferencia genera un problema adicional: si existen mayores posibilidades de conseguir un empleo con menor preparación académica, algunos jóvenes pueden encontrar menos incentivos para concluir una carrera universitaria y optar por incorporarse antes al mercado laboral.
México, entre los países que menos invierten por estudiante
A las dificultades para generar empleos calificados se suma el nivel de inversión educativa. Mientras países como Luxemburgo, Corea del Sur y Suiza destinan más de 20 mil dólares anuales por estudiante de secundaria —alrededor de 370 mil pesos—, México se ubica en los últimos lugares entre los 38 países analizados.
El gasto mexicano alcanza apenas 2 mil 790 dólares anuales por estudiante, alrededor de 50 mil pesos, de acuerdo con las cifras proporcionadas.
Los datos muestran que el desafío educativo del país no se limita a incrementar el número de jóvenes que llegan a la universidad. También implica generar las condiciones para que esa preparación se traduzca en empleos formales, mejores salarios y oportunidades de desarrollo profesional.
La brecha entre formación académica y mercado laboral plantea así un reto de largo plazo para México: no basta con que más jóvenes obtengan un título universitario si la economía no genera suficientes puestos de trabajo que aprovechen sus conocimientos y habilidades.