Las mujeres jóvenes enfrentan mayores obstáculos para acceder a la educación y al mercado laboral en México. El 23 por ciento de las mujeres de entre 15 y 24 años no estudia, trabaja ni recibe capacitación, una proporción que supera más del doble la registrada entre los hombres, cuya tasa es de 9.5 por ciento.
Así lo revela el estudio Trabajo decente en México 2005-2026, elaborado por Afore Sura y el Centro de Investigación de la Mujer en la Alta Dirección (CIMAD), que identifica avances en las oportunidades de empleo para la población joven durante los últimos 18 años, aunque advierte que las desigualdades de género persisten.
El porcentaje de mujeres jóvenes en esta condición también supera la tasa nacional, ubicada en 16.5 por ciento. Además, México ocupa el cuarto lugar en América Latina con la mayor proporción de mujeres jóvenes que no estudian, no trabajan ni buscan empleo, solamente por debajo de Guatemala, Honduras y El Salvador.
El análisis señala que, aunque este indicador ha disminuido entre las mujeres, la brecha respecto a los hombres continúa siendo considerable. Entre los factores que explican la falta de oportunidades destacan el matrimonio a temprana edad y el embarazo adolescente, situaciones que pueden limitar la continuidad educativa y la incorporación al mercado laboral.
Yvette Mucharraz, directora del CIMAD, advirtió que más de la mitad de las mujeres mexicanas en edad laboral no tienen empleo ni lo están buscando, una situación que representa un desafío para su desarrollo económico y profesional.
Explicó que las jóvenes que permanecen fuera del sistema educativo y del mercado laboral enfrentan mayores dificultades para incorporarse a un empleo, mantenerse activas laboralmente y construir un patrimonio para el futuro.
La especialista también alertó sobre las consecuencias de esta exclusión en materia de seguridad económica, particularmente en el ahorro para el retiro, debido a que quienes permanecen fuera del empleo formal no realizan aportaciones a los sistemas de pensiones.
Por otra parte, el estudio identificó que la ocupación en unidades económicas informales registró apenas un incremento marginal entre 2005 y 2026, un fenómeno que ha afectado de manera más constante a las mujeres.
Los resultados evidencian que, pese a los avances en materia laboral, persisten importantes desigualdades que limitan la autonomía económica femenina y reducen las posibilidades de que las nuevas generaciones de mujeres accedan a empleos dignos, estabilidad financiera y una pensión en el futuro.