30 de September de 2026

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Atención a personas dependientes mejora supervivencia y salud mental, revela estudio

La atención a personas en situación de dependencia no sólo contribuye a mejorar su calidad de vida, sino que también puede generar efectos positivos en la supervivencia y la salud mental, de acuerdo con un estudio realizado por investigadores de instituciones académicas de España y Reino Unido.

La investigación calculó el costo de obtener un año adicional de vida saludable mediante distintas prestaciones del Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia (SAAD) de España. Para ello, los especialistas utilizaron el Año de Vida Ajustado por Calidad (AVAC), una medida empleada para evaluar cuánto cuesta conseguir un año adicional de vida considerando su calidad.

Los resultados muestran que cada AVAC ganado mediante una prestación económica para cuidados en el entorno familiar tiene un costo de 6 mil 187 euros, equivalentes a aproximadamente 126 mil 877 pesos mexicanos. En el caso de la ayuda a domicilio, el costo asciende a 9 mil 228 euros, unos 189 mil 239 pesos.

Ambas cifras se encuentran por debajo del umbral de referencia de 30 mil euros, alrededor de 615 mil pesos, utilizado en España para valorar la relación entre los costos y los beneficios de las intervenciones sanitarias.

El trabajo fue realizado por Joan Costa-Font, de la Escuela de Economía de Londres; Sergi Jiménez-Martín, de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (FEDEA), y Cristina Vilaplana-Prieto, de la Universidad de Murcia.

El análisis tomó información correspondiente al periodo de 2004 a 2022 y consideró el despliegue progresivo del sistema español de atención a la dependencia a partir de 2007, así como las diferencias existentes entre los territorios en su implementación.

Entre los principales hallazgos, los investigadores determinaron que recibir prestaciones del SAAD incrementó entre 2.6 y 3 puntos porcentuales la probabilidad de supervivencia. El efecto fue mayor entre algunos de los grupos considerados más vulnerables: en las personas mayores de 80 años, el aumento llegó a 5.6 puntos porcentuales, mientras que entre las mujeres alcanzó 4.6 puntos.

Los beneficios también se reflejaron en la salud mental y el bienestar. Las personas beneficiarias registraron una reducción cercana a un punto porcentual en los síntomas depresivos y un incremento de entre 0.24 y 0.5 puntos en la satisfacción con la vida, medida en una escala de 0 a 10.

La sensación de soledad también disminuyó. Entre quienes recibieron una prestación económica, la reducción fue de 0.61 puntos, mientras que entre quienes tuvieron acceso a ayuda a domicilio llegó a 0.52 puntos. Para las personas que viven solas, la disminución alcanzó 0.76 puntos y la satisfacción con la vida aumentó 1.16 puntos.

El estudio también identificó mejoras en aspectos relacionados con la salud física y la alimentación. Los beneficiarios incrementaron su consumo diario de lácteos, frutas, verduras y proteínas, además de recuperar fuerza de prensión, indicador relacionado con el riesgo de mortalidad, y registrar menos fracturas de cadera.

Otro de los efectos observados fue un aumento en la percepción de control que las personas tienen sobre su propia vida.

Sin embargo, los investigadores encontraron diferencias entre las modalidades de apoyo. La prestación económica presentó mayores efectos sobre la supervivencia y la salud mental, mientras que la ayuda a domicilio mostró un impacto más marcado en la satisfacción con la vida.

En este último indicador, la satisfacción aumentó 0.5 puntos con la ayuda a domicilio, frente a 0.24 puntos entre quienes recibieron la prestación económica.

Los autores consideran que ambos mecanismos operan mediante vías diferentes, por lo que plantean mantener una combinación de las dos modalidades en lugar de sustituir una por otra.

A partir de estos resultados, el estudio propone analizar las políticas de atención a la dependencia también como una inversión en salud, debido a sus efectos sobre la supervivencia, el bienestar psicológico y la calidad de vida.

Los investigadores plantean además que las decisiones de financiamiento del sistema español deberían incorporar criterios similares a los utilizados para evaluar la rentabilidad de las intervenciones sanitarias, incluyendo indicadores como la soledad, la depresión y la satisfacción con la vida.

Finalmente, advierten que una reducción de los recursos destinados a la atención de la dependencia podría tener repercusiones sobre la salud y la calidad de vida de las personas beneficiarias, por lo que consideran relevante mantener una financiación estable para favorecer la eficiencia del sistema.

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