En las aguas del sur de Chile, el conflicto entre pescadores artesanales y lobos marinos se ha intensificado. Los trabajadores aseguran que los animales se acercan a las embarcaciones, persiguen las líneas de pesca, consumen los peces capturados y, en algunos casos, dañan los aparejos, provocando pérdidas económicas y riesgos para quienes realizan las faenas.
Ante esta situación, el gobierno chileno planteó la posibilidad de levantar la veda que protege al lobo marino común (Otaria flavescens) y analizar medidas como establecer una cuota o realizar una caza selectiva.
El tema fue discutido el 21 de julio por la Comisión de Pesca, Acuicultura e Intereses Marítimos de la Cámara de Diputadas y Diputados de Chile, en una sesión a la que acudieron el subsecretario de Pesca, Osvaldo Urrutia; el director ejecutivo del Instituto de Fomento Pesquero (IFOP), Luis Parot, y representantes de la pesca artesanal.
Durante la reunión, Urrutia sostuvo que los pescadores deben ser una prioridad y señaló que, antes de avanzar con una eventual extracción de ejemplares, sería necesario contar con un proyecto que establezca aspectos como el número de animales que podrían capturarse, las condiciones de captura, su procesamiento y posible destino comercial.
La medida también tendría implicaciones comerciales, debido a que Estados Unidos establece requisitos de protección de mamíferos marinos para las pesquerías extranjeras que exportan a ese mercado mediante la Marine Mammal Protection Act.
Pescadores reportan pérdidas y accidentes
Los pescadores artesanales aseguran que el problema se ha agravado durante los últimos años, particularmente en las regiones de Los Lagos y Aysén, donde la merluza austral representa una actividad económica y social relevante.
Jorge Bustos Nilsson, presidente del Consejo Regional de Pescadores Artesanales de Los Lagos (COREPA), señaló que las reclamaciones del sector se remontan a unos 15 años y que las interacciones comenzaron a intensificarse a partir de 2016.
El dirigente relaciona este aumento con la crisis sanitaria que afectó a la salmonicultura ese año y el desplazamiento de parte de esa industria hacia Aysén. Según su explicación, los centros salmoneros representaban una fuente accesible de alimento para los lobos marinos, que posteriormente permanecieron en las aguas interiores donde trabajan los pescadores artesanales.
Bustos Nilsson sostiene que las pérdidas pueden llegar a representar la totalidad de una captura y que los animales también provocan daños en los aparejos. Además, advierte sobre accidentes durante el virado manual de las líneas, debido a que los lobos pueden tirar de los aparejos y provocar que los anzuelos terminen clavándose en los trabajadores.
Los pescadores aseguran haber probado dispositivos acústicos y electromagnéticos, modificaciones en la velocidad de las operaciones y otros mecanismos para ahuyentar a los animales, pero afirman que ninguna alternativa ha resuelto el problema de manera permanente.
El dirigente considera que el objetivo no debería ser eliminar al lobo marino, sino intervenir sobre aquellos ejemplares que han aprendido a aprovechar las capturas de las embarcaciones.
Hernán Cortés Bernal, presidente del Consejo Nacional por la Defensa del Patrimonio Pesquero (CONDEPP), estima que las interacciones generan pérdidas por capturas que se pierden, daños en aparejos, mayor consumo de combustible y suspensión de jornadas de pesca.
De acuerdo con sus cálculos, elaborados a partir de reportes de organizaciones gremiales, el impacto alcanzaría mil 770 millones de pesos chilenos, alrededor de 1.8 millones de dólares al año. Sin embargo, reconoce que actualmente no existe un estudio sistemático que permita cuantificar con precisión estas pérdidas.
Científicos cuestionan una eventual caza
Investigadores especializados en mamíferos marinos rechazan que exista evidencia suficiente para afirmar que los lobos marinos están sobrepoblados y advierten que una reducción de su número no necesariamente resolvería las interacciones con la pesca.
En una declaración pública difundida en agosto, científicos de distintas instituciones señalaron que, aunque algunas poblaciones se recuperaron después de la explotación comercial del siglo pasado y de décadas de protección, los censos indican que se han mantenido relativamente estables durante las últimas tres décadas.
El IFOP situó la población del lobo marino común en aproximadamente 130 mil ejemplares, mientras que estimaciones derivadas de un censo realizado en 2018 ubican la población entre 112 mil y 150 mil individuos.
Para los investigadores, el incremento de las interacciones puede responder a diversos factores, entre ellos la disminución de recursos pesqueros derivada de la sobrepesca, cambios ambientales como El Niño y la habituación de algunos animales a la presencia humana.
Maritza Sepúlveda, académica de la Universidad de Valparaíso y una de las investigadoras que suscribieron la declaración, destacó que los lobos marinos pueden funcionar como especies centinela de la salud de los ecosistemas.
Los especialistas sostienen que eliminar parte de la población no sería una solución viable. Según la evidencia internacional citada por los investigadores, sería necesario remover hasta alrededor de 50% de los ejemplares para conseguir una reducción significativa de las interacciones y mantener posteriormente esa extracción.
Proponen modificar las prácticas pesqueras
Una de las hipótesis científicas apunta a que algunos lobos marinos han aprendido a relacionar las embarcaciones con una fuente fácil de alimento, debido a los descartes y residuos de pescado.
Por ello, los investigadores proponen eliminar prácticas que faciliten el acceso de los animales a esos recursos, mejorar las artes de pesca, modificar las operaciones en las zonas donde existe mayor interacción y establecer un manejo adecuado de residuos y descartes.
También plantean prevenir la alimentación intencional de fauna y diseñar estrategias específicas para cada pesquería.
Rodrigo Hucke, especialista en conservación marina y presidente del Centro Ballena Azul, consideró simplista pensar que la eliminación de parte de los lobos marinos solucionará un problema relacionado con la actividad pesquera y llamó a tomar en cuenta el papel ecológico de la especie.
El científico incluso planteó aprovechar el interés que generan estos animales para desarrollar actividades de observación y turismo, siempre bajo condiciones que eviten afectar las colonias reproductivas.
La veda continúa vigente
Hasta ahora, el gobierno chileno no ha anunciado una decisión sobre una eventual modificación de la protección del lobo marino común. La veda permanece vigente hasta 2031.
El debate enfrenta dos preocupaciones: las pérdidas y riesgos denunciados por los pescadores artesanales y la necesidad de conservar una especie que cumple un papel relevante dentro de los ecosistemas marinos.
Para los investigadores, ambos objetivos pueden coexistir mediante medidas de mitigación, cambios en las prácticas pesqueras y trabajo coordinado entre autoridades, pescadores y comunidad científica.
La solución, sostienen, no necesariamente pasa por reducir la población de lobos marinos, sino por comprender las causas de las interacciones y encontrar mecanismos que permitan disminuirlas sin comprometer la conservación de la especie.