23 de October de 2026

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Derrame de Deepwater Horizon redujo hasta 63.5% la fauna marina en el Golfo de México

El derrame de petróleo provocado por la explosión de la plataforma Deepwater Horizon en 2010 ocasionó una disminución de hasta 63.5% en la cantidad de peces de la zona crepuscular del Golfo de México, mientras que otras especies marinas, como crustáceos, calamares y pulpos, también registraron caídas significativas que persisten más de una década después.

De acuerdo con una investigación publicada en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), la población de peces disminuyó 63.5% entre 2011 y 2015. En el mismo periodo, los crustáceos se redujeron 62% y los animales de mayor tamaño, como calamares y pulpos, registraron una caída de 59.7%.

El accidente, ocurrido en una plataforma operada por la petrolera BP, provocó el vertido de aproximadamente 507 millones 245 mil litros de petróleo y la muerte de 11 trabajadores. Durante casi cinco meses, el pozo continuó liberando petróleo y gas al mar, con consecuencias para los organismos que habitan en distintas profundidades.

La investigación fue encabezada por Tracey Sutton, oceanógrafa biológica de la Universidad Nova Southeastern, quien explicó que los científicos analizaron la zona crepuscular, una extensa franja oceánica situada entre la superficie iluminada y las profundidades más oscuras, que alcanza aproximadamente mil 500 metros.

Este ecosistema desempeña una función esencial en las cadenas alimentarias marinas, pues alberga especies que sirven de alimento a depredadores como ballenas y delfines. Sin embargo, antes del derrame, la región estudiada no contaba con registros que permitieran establecer una referencia sobre la abundancia de su fauna.

Para evaluar los daños, los investigadores compararon los resultados de una expedición realizada en 2011 con los obtenidos tres años y medio después. Mediante redes colocadas a diferentes profundidades y sistemas de sonar acústico, encontraron que la cantidad de vida marina había descendido hasta representar entre una cuarta parte y un tercio de los niveles registrados inicialmente.

Los científicos también examinaron factores naturales como la temperatura, la disponibilidad de oxígeno y el suministro de alimento, pero no encontraron variaciones que explicaran el desplome observado.

Aunque el equipo no pudo demostrar una relación causal definitiva entre el derrame y todos los cambios registrados, Sutton señaló que la coincidencia temporal y la ausencia de otras explicaciones identificadas apuntan al accidente petrolero como la causa más probable.

Daños persistentes en la cadena alimentaria

Los muestreos posteriores, realizados hasta años recientes, indican que las poblaciones continúan en niveles bajos. Aunque se observó un ligero incremento en 2022 y 2023, este no fue estadísticamente significativo ni se mantuvo en el tiempo.

Entre las especies más afectadas destaca el krill, cuya población disminuyó 72%. Los peces linterna, caracterizados por los órganos luminosos de sus cuerpos, presentan actualmente una abundancia equivalente a aproximadamente un tercio de la registrada anteriormente. También se documentaron reducciones considerables entre los peces dragón, depredadores de aguas profundas que poseen dientes afilados y órganos bioluminiscentes.

El equipo respaldó sus conclusiones con tres líneas de evidencia: las capturas obtenidas mediante redes, las mediciones del sonar acústico y los análisis genéticos, que revelaron una pérdida de diversidad genética asociada con la endogamia.

Según Sutton, el petróleo y el gas liberados durante el accidente pudieron afectar tanto a los organismos adultos como a sus generaciones posteriores. Los contaminantes acumulados en los huevos de los supervivientes habrían contribuido a que las crías fueran más vulnerables.

Isabel Romero, oceanógrafa química de la Universidad de Carolina del Sur y coautora del estudio, explicó que tanto el crudo como los dispersantes químicos utilizados para combatir el derrame pueden perjudicar a la fauna marina. Mientras el petróleo representa una amenaza tóxica generalizada, los dispersantes fragmentan el crudo en gotas más pequeñas, lo que incrementa la exposición de los organismos que habitan en las capas profundas del agua.

La microbióloga ambiental Rita Colwell, exdirectora de la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos, señaló que investigaciones recientes respaldan la necesidad de reconsiderar el uso de dispersantes ante futuros accidentes y estudiar alternativas que favorezcan la proliferación de microorganismos capaces de degradar el petróleo.

Por su parte, BP afirmó que el accidente transformó a la empresa y que desde entonces ha implementado cambios para prevenir que ocurra un desastre similar.

Un ecosistema interconectado y poco conocido

Los hallazgos también revelaron que la vida marina del Golfo de México mantiene una conexión constante entre la superficie y las profundidades. Algunas especies descienden para alimentarse, mientras que otras ascienden durante la noche, lo que permite el intercambio de energía y nutrientes a través de distintas capas del océano.

Kaitlin Frasier, científica marina del Instituto Scripps de Oceanografía que no participó en el estudio, advirtió que los efectos del derrame van más allá de las zonas directamente visibles. En una investigación publicada en 2024, detectó descensos poblacionales de hasta 83% entre ballenas y delfines del Golfo de México después del accidente.

Boris Worm, científico marino de la Universidad de Dalhousie, destacó que el caso evidencia cómo una sola falla en una plataforma petrolera puede generar consecuencias prolongadas en miles de kilómetros cuadrados, con escasas señales de recuperación incluso 13 años después del derrame.

Los especialistas consideran que estos resultados deben incorporarse al debate internacional sobre la explotación petrolera en aguas profundas y el desarrollo de la minería submarina, actividades que podrían representar nuevos riesgos para ecosistemas cuya biodiversidad y funcionamiento todavía son poco conocidos.

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