6 de September de 2026

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Investigadores descubren que el sargazo podría combatir la forma más letal de malaria

Lo que comenzó en 2023 como un proyecto escolar para estudiar el sargazo que llega a las costas del Caribe panameño derivó en un hallazgo que podría abrir una nueva vía para combatir la malaria cerebral, una de las formas más peligrosas de esta enfermedad.

Las investigadoras Lorena Coronado y Noemí León de Santos, junto con Isaac Almanza, quien entonces cursaba el último año de bachillerato, descubrieron que compuestos presentes en el sargazo lograron inhibir significativamente el crecimiento de Plasmodium falciparum, parásito responsable de algunos de los casos más graves de malaria.

Coronado, doctora en Biotecnología e investigadora del Instituto de Investigaciones Científicas y Servicios de Alta Tecnología de Panamá (Indicasat-AIP), explicó que uno de los resultados más relevantes fue comprobar que el compuesto estudiado mostró una elevada actividad contra el parásito sin resultar tóxico para las células sanas.

El proyecto surgió a través del Programa Jóvenes Científicos de la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt) y todavía se encuentra en una etapa inicial, por lo que sus resultados no representan aún un tratamiento disponible contra la malaria.

La investigación fue publicada en julio pasado en la revista científica Integrative and Comparative Biology, de Oxford University Press, bajo el título Actividad antipalúdica de Sargassum fluitans pelágicos y Sargassum natans a lo largo de la costa caribeña de Panamá.

Un problema global que busca nuevas alternativas

La malaria continúa siendo uno de los principales problemas de salud pública en diversas regiones del mundo. De acuerdo con los datos citados de la Organización Mundial de la Salud, en 2024 se registraron 282 millones de casos y 610 mil muertes a nivel global.

África concentró alrededor del 95% de los casos y fallecimientos, mientras que en América se contabilizaron 536 mil 644 casos y 136 muertes. Se estima que cerca de 30% de los casos en la región correspondieron a malaria cerebral.

Ante este escenario, los investigadores consideran que los resultados obtenidos con el sargazo representan una posibilidad que merece continuar estudiándose.

Del sargazo de las playas al laboratorio

Para desarrollar el proyecto, León de Santos e Isaac recolectaron sargazo fresco directamente del agua en las costas del Caribe panameño. Posteriormente, el material fue secado y procesado para obtener un extracto acuoso, similar a la preparación de una infusión.

La propuesta llamó la atención debido a que, pese a la presencia creciente del sargazo en las costas caribeñas, existían pocos estudios sobre las especies que llegan a Panamá y su posible utilización contra enfermedades.

Inicialmente, el extracto fue analizado como una alternativa contra el cáncer, pero los resultados no fueron favorables. Los investigadores decidieron entonces explorar su posible actividad contra otros padecimientos y encontraron una respuesta positiva frente al parásito de la malaria.

La profesora León de Santos explicó que el sargazo representa actualmente un problema ambiental y de salud pública, pero también puede convertirse en una oportunidad para la investigación científica.

Un desafío ambiental convertido en oportunidad

El crecimiento masivo del sargazo se ha convertido en un problema para distintos destinos turísticos del Caribe. Cuando permanece en las playas y comienza a descomponerse, puede generar malos olores y liberar gases potencialmente tóxicos, además de afectar las actividades turísticas.

El fenómeno también ha sido observado de manera recurrente en costas de México y República Dominicana. Los investigadores relacionan su proliferación con el incremento de las temperaturas asociado al cambio climático.

Para el equipo panameño, transformar parte de este problema ambiental en materia prima para la investigación médica podría abrir una nueva línea de estudio.

Sin embargo, todavía falta determinar qué mecanismo permite al sargazo actuar contra Plasmodium falciparum. La siguiente etapa deberá identificar con precisión el compuesto y su forma de acción, mientras que una fase posterior contempla realizar pruebas en ratones.

Isaac Almanza, quien actualmente tiene 21 años y cursa estudios universitarios, considera que su participación en el proyecto despertó su interés por la ciencia y pretende continuar con la investigación.

Su experiencia también lo llevó a enviar un mensaje a otros estudiantes: atreverse a investigar, probar nuevas ideas y persistir incluso después de un fracaso, porque un proyecto que comienza como una inquietud escolar puede terminar abriendo nuevas posibilidades para la ciencia.

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