Durante años, el aprendizaje cultural estuvo ligado a bibliotecas silenciosas, auditorios y conferencias magistrales. Sin embargo, para miles de estudiantes de bachillerato de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), esa imagen ha quedado atrás. Hoy, la cultura se aprende y se vive principalmente en redes sociales, grupos de mensajería, memes y en la convivencia diaria, de acuerdo con el estudio Cultura, ¿qué es, dónde vive y cómo se consume?, impulsado por Cultura UNAM.
La investigación, de corte socioantropológico, analizó la relación de las juventudes con la cultura dentro y fuera del ámbito escolar. Una de sus conclusiones centrales es que el entorno digital no funciona solo como un complemento, sino como un territorio cultural en sí mismo. Los jóvenes participantes afirmaron que aprenden más sobre cultura a través de memes, redes sociales y dinámicas cotidianas que mediante conferencias o actividades formales organizadas por las instituciones.
El diagnóstico se construyó a partir de un amplio trabajo de campo. Bitácora Social diseñó un cuestionario digital en el que participaron 2 mil 940 estudiantes de los 14 planteles de bachillerato de la UNAM —nueve de la Escuela Nacional Preparatoria (ENP) y cinco del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH)—, con una muestra integrada por 49.7 por ciento de hombres y 47.22 por ciento de mujeres. A ello se sumaron 70 entrevistas semiestructuradas, 14 registros etnográficos y conversaciones con docentes y promotores culturales.
Los resultados revelan un mapa cultural distinto al que suelen imaginar las instituciones. Para las juventudes, la cultura no se asocia principalmente con museos o patrimonio histórico, sino con convivencia, identidad y participación activa. Las categorías más mencionadas al definir qué es cultura fueron “identidad y comunidad” (26.35 por ciento) y “tradición y costumbres” (26.01 por ciento), seguidas de “expresión artística y creativa” (19.58 por ciento).
El informe destaca que los estudiantes no conciben la cultura como un producto terminado que se consume pasivamente, sino como un proceso vivo del que desean formar parte. En ese sentido, los memes ocupan un lugar relevante al ser piezas breves, colectivas y reinterpretables, integradas plenamente a la vida cotidiana y capaces de detonar conversación, referencias históricas o crítica social.
La baja asistencia a eventos culturales formales, señala el estudio, no obedece a la falta de interés. El 39.76 por ciento de los encuestados identificó la distancia y el transporte como la principal barrera, mientras que el 37.23 por ciento mencionó la falta de tiempo. En consecuencia, el 51.3 por ciento afirmó que rara vez acude a actividades culturales programadas.
Ante este panorama, los espacios digitales se consolidan como la alternativa más accesible: están disponibles de forma permanente, no implican costos de traslado y permiten una interacción inmediata. El estudio concluye que, más que intentar “llevar” a los jóvenes a auditorios, las instituciones culturales deben integrar sus prácticas cotidianas, apostar por formatos breves, el uso del humor y la participación colaborativa.
Para las nuevas generaciones, subraya el informe, la cultura ya no vive exclusivamente en el escenario ni en los recintos formales, sino en la experiencia diaria y compartida que se construye, cada día, en el entorno digital.