La humanidad enfrenta un escenario de vulnerabilidad sin precedentes ante futuras pandemias, advirtió la Junta de Monitoreo de la Preparación Global (GPMB), organismo impulsado por la Organización Mundial de la Salud y el Banco Mundial, al señalar que el mundo “se encuentra ahora al borde del abismo” debido a la convergencia de múltiples crisis globales que incrementan el riesgo sanitario.
En su informe titulado A world on the edge: Priorities for a pandemic-resilient future, el organismo sostiene que el planeta reúne actualmente las condiciones ideales para el surgimiento de nuevas pandemias: cambio climático, conflictos armados, sistemas de salud debilitados, aumento de la desigualdad, desinformación y una acelerada pérdida de confianza pública en las instituciones.
El reporte advierte que, pese a las lecciones dejadas por la pandemia de COVID-19 y las reformas impulsadas en años recientes, el mundo no es hoy un lugar más seguro. Por el contrario, los riesgos avanzan más rápido que la capacidad internacional para responder.
“Las reformas no han mantenido el ritmo del creciente riesgo pandémico: el mundo aún no es significativamente más seguro”, concluye el documento, al tiempo que alerta que la trayectoria del riesgo sanitario global “se está moviendo en la dirección equivocada”.
La GPMB señaló que las epidemias ya son más frecuentes y severas. Como ejemplo, destacó que en 2024 la OMS detectó casi el doble de emergencias sanitarias que en 2015, reflejo de una tendencia creciente que podría agravarse durante la próxima década.
El organismo recordó además que la pandemia de COVID-19 provocó la peor contracción económica desde la Gran Depresión y la mayor disrupción global desde la Segunda Guerra Mundial, con impactos sanitarios, políticos y sociales que aún persisten en numerosos países.
“El COVID-19 no fue un evento aislado, sino el resultado de tendencias globales convergentes”, señala el informe, al advertir que factores como la crisis climática, la destrucción ecológica, el incremento de la movilidad humana y los conflictos bélicos están impulsando un escenario donde las pandemias podrían ser más frecuentes, más disruptivas y mucho más difíciles de contener.
El reporte también pone énfasis en el deterioro de los sistemas de salud y en el incremento de las fracturas sociales. Según el organismo, muchas sociedades emergieron de las recientes crisis sanitarias “más pobres, más desiguales y más divididas”.
Uno de los puntos más alarmantes del documento es el colapso de la confianza pública. La GPMB sostiene que “la base misma de la preparación y respuesta pandémica —la confianza y la equidad— se está derrumbando”, fenómeno que se refleja en la creciente desconfianza entre gobiernos y ciudadanos, entre países y hacia las organizaciones multilaterales e industrias farmacéuticas.
El organismo denunció además que la desigualdad en el acceso a vacunas, tratamientos y diagnósticos persiste e incluso se agravó después de la pandemia de coronavirus. Como ejemplo, mencionó que durante recientes brotes de mpox las vacunas tardaron entre 24 y 27 meses en llegar a países de bajos ingresos, superando incluso los tiempos observados durante la emergencia por COVID-19.
A ello se suma, según el informe, un agotamiento político y financiero frente a la idea de equidad global, fenómeno denominado “equity fatigue”, que amenaza con normalizar las desigualdades sanitarias a nivel internacional.
La Junta de Monitoreo también alertó sobre la disminución del financiamiento internacional destinado a la preparación ante pandemias. El informe advierte que estos recursos suelen incrementarse inmediatamente después de las crisis, pero se reducen progresivamente conforme disminuye la atención política y mediática.
El documento concluye con una advertencia contundente: “La década que viene probablemente verá intensificarse la aparición y amplificación de amenazas infecciosas; el mundo no volverá a la era previa a la pandemia”.
Ante este panorama, el organismo hizo un llamado urgente a fortalecer la cooperación internacional, reconstruir la confianza social y reforzar los sistemas de salud, al advertir que, sin un cambio radical en las estrategias de preparación, la humanidad podría entrar en un ciclo permanente de crisis sanitarias cada vez más devastadoras.
“La capacidad de respuesta está siendo superada por presiones nuevas y cada vez más complejas”, concluye el reporte, al señalar que el actual contexto global de volatilidad, fragmentación e incertidumbre convierte la preparación ante futuras pandemias en una prioridad urgente para todos los países.