31 de October de 2026

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Hallan equilibrio entre hombres y mujeres en antiguo tzompantli maya de Chiapas

Un análisis reciente de los restos óseos de un tzompantli descubierto en 2012 en una cueva cercana a Frontera Comalapa, Chiapas, reveló una distribución prácticamente equilibrada entre hombres y mujeres, un hallazgo que aporta nuevos elementos para comprender las prácticas rituales de las antiguas culturas mayas.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el conjunto está integrado por 165 cráneos, de los cuales 83 corresponden a mujeres y 79 a hombres. En los tres restantes no fue posible determinar el sexo debido a su fragmentación.

El arqueólogo Josuhé Lozada Toledo, investigador del Centro INAH Chiapas, señaló que estos resultados permiten revalorar el papel de las mujeres en la ritualidad antigua.

El estudio, que tuvo como antecedente las primeras indagaciones del antropólogo físico Javier Montes de Paz, fue realizado por las investigadoras Cristell Delesma Pérez y Abigail Reyes López, quienes determinaron el sexo de los individuos mediante el análisis de las características craneales.

Debido a que los tzompantlis son conjuntos de cráneos y no cuentan con huesos pélvicos, las especialistas recurrieron al dimorfismo sexual craneal, un método que permite identificar diferencias anatómicas entre hombres y mujeres.

Cráneos infantiles y evidencias de antiguos rituales

El análisis también permitió establecer que la mayoría de los individuos eran adultos jóvenes de entre 25 y 35 años, aunque se identificaron dos cráneos correspondientes a personas de entre 55 y 70 años.

Estos últimos casos resultan relevantes porque superan considerablemente la esperanza de vida promedio de alrededor de 40 años estimada para la población maya durante el Posclásico Temprano, entre los años 900 y 1200 de nuestra era.

Entre los restos también se identificaron 15 cráneos de infantes, huellas de corte en los huesos de tres personas e indicios de exposición al fuego tanto en los restos óseos como en la techumbre de la cueva.

Para Lozada Toledo, estas evidencias sugieren que los antiguos mayas ingresaban al lugar con antorchas y posiblemente realizaban ceremonias que convertían la caverna en un espacio de peregrinaje relacionado con peticiones de lluvia y otras prácticas rituales.

El investigador destacó que el tzompantli de Comalapa es extraordinario por sus características y por ser anterior a los grandes altares de cráneos del centro de México, como los construidos en Tenochtitlan durante el Posclásico Tardío, entre 1200 y 1521.

Mientras que algunas estructuras del centro de México pudieron tener una función política y de demostración de poder, el conjunto chiapaneco podría haber estado relacionado con prácticas religiosas y ceremoniales vinculadas con la vida comunitaria.

Los cráneos como depósitos de entidades anímicas

El arqueólogo explicó que, para diversas culturas mesoamericanas, las personas estaban conformadas por distintas entidades anímicas que residían en partes específicas del cuerpo.

Entre ellas se encontraban la teyolía, asociada con el corazón y los sentimientos; el ihíyotl, relacionado con el hígado y las fuerzas vitales, y el tonalli, ubicado en la cabeza y vinculado con la esencia de las personas y su destino.

Desde esta perspectiva, Lozada Toledo plantea que el tzompantli pudo representar una acumulación de entidades anímicas ofrecidas a las deidades en espacios sagrados, como las cuevas.

El estudio también permitió identificar un hallazgo excepcional: uno de los cráneos conserva el martillo, un pequeño hueso del sistema auditivo que mide entre ocho y nueve milímetros y que rara vez se preserva en contextos arqueológicos.

La arqueóloga Cristell Delesma destacó que este elemento demuestra el buen estado de conservación de los restos, resguardados en el Laboratorio de Antropología Física del Centro INAH Chiapas, donde también se encuentran 51 huesos largos.

Otros rasgos identificados en los cráneos incluyen modificaciones cefálicas realizadas durante la infancia mediante tablillas, así como la ausencia de mandíbulas en la mayoría de los casos y el retiro de dientes de los maxilares superiores.

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